jueves, 7 de diciembre de 2017

Reseña: Serie "Juana Inés"

Alerta de ¿spoiler? (se trata de un personaje histórico pero de seguro que habrá gente que preferirá ver esta serie sin que les cuenten todos los detalles)

Esta es una serie del canal Once, basada en la vida de la escritora novohispana, Sor Juana Inés de la Cruz. Nos traslada al siglo XVII en Nueva España, época de florecimiento cultural que se desarrolla bajo la estrecha vigilancia de la Iglesia, que continua influyendo en todos los aspectos de la sociedad. Constantemente, la Iglesia se ve envuelta en luchas de poder con la Corona. 


La serie empieza con una niña que es echada de la hacienda de sus tíos y enviada a ganarse un sitio en la corte virreinal. Nadie podría pronosticarle un futuro alentador; adondequiera que vaya, será descartada como esposa, dada su condición de hija ilegítima, aunado a ello, no tiene dote. Sin embargo, su inteligencia y carisma le confieren un lugar en la corte como dama de compañía de la virreina Leonor Carreto. Una de las escenas que más me gusto es cuando la joven es puesta a prueba por cuarenta eruditos.  

Juana Inés cuenta con el favor de la virreina y su posición parece intocable, a pesar del estigma imperante respecto a los hijos bastardos (como eran llamados entonces). Sin embargo, cuando la virreina comienza a obsesionarse con la brillante dama, ésta se siente asfixiada y no desea depender siempre de su patrocinadora. Recurre a su confesor, Antonio Núñez de Miranda, para que se le permita ingresar a un convento. Juana Inés es llevada a la Orden de las Carmelitas mediante engaños (según la serie), ya que, su confesor le había prometido que podría llevar sus libros y estudiar. Las escenas de este convento reflejan el fanatismo religioso y la sumisión que se imponía a las mujeres. Después de salir de ese lugar, donde enferma gravemente, Juana Inés enfoca su atención en las Jerónimas, un convento menos rígido donde podrá escribir y estudiar. Este punto de la historia me resulto llamativo, dado que refleja la división de clases sociales existente en aquellos lugares de contemplación y aparente austeridad. Se trata de un convento para españolas y criollas, con celdas de dos plantas y servidumbre. Y para ingresar a las Jerónimas se le solicita una cuantiosa dote.


Tiene varias licencias históricas, es verdad, pero hay que tomar en cuenta que se trata de ficción, no un documental. Uno de los motivos por los que fue criticada es por la referencia que se hace a la orientación sexual de la poetisa. Fue algo que no me esperaba, ya que en el primer episodio se muestra bastante cariñosa con un joven de la corte (escena un tanto innecesaria, que no corresponde con el carácter prudente de la verdadera Juana Inés) y no parece entusiasmada con la adoración que le profesa la virreina Leonor. 

Arantza Ruíz interpreta a Juana Inés en su juventud como dama de la corte. Y Arcelia Ramírez protagoniza con el papel de Sor Juana Inés de la Cruz en su etapa adulta. La serie no pretende revelar a una monja caritativa y desprendida, casi santa. No, conocemos a una mujer de diversos matices; inteligente y sagaz, siendo pocas las ocasiones en las que peca de falsa modestia; ambiciosa y un tanto manipuladora, pero consciente de lo que es moralmente correcto e incorrecto; ligada a su fe cristiana y a la vida contemplativa, pero incapaz de renunciar a las pasiones terrenales.    


viernes, 3 de noviembre de 2017

Reseña: La letra escarlata (Nathaniel Hawthorne)

Alerta de spoiler

 “La letra escarlata” de Nathaniel Hawthorne


En 1642, en la ciudad de Boston, un gentío se reúne para presenciar el castigo de Hester Prynne, una mujer acusada de adulterio; es condenada a llevar una “A” en su vestido y permanecer tres horas en la picota. Se niega a revelar el nombre de la hija nacida de su amorío, Perla. En esta novela de romance y tragedia se nos presenta a la sociedad puritana del siglo XVIII, en Nueva Inglaterra, donde la hipocresía rodea la historia de una mujer condenada al escarnio público.

El autor revela una historia de pasiones prohibidas en una sociedad reprimida que juzga y condena toda acción que rebasa lo permitido. La protagonista, Hester Prynne, es obligada a portar una “A” bordada en su ropa, para que todo el que la vea se dé cuenta de que es una adultera. 

El marido de la joven aparece justo cuando se está llevando a cabo el castigo y se hace pasar por el médico Chillingworth, forzando a Hester a ocultar su identidad. Esta decidido a descubrir la identidad del amante de su esposa. Mientras Chillingworth trata la enfermedad del reverendo Dimmesdale, descubre en éste una marca de nacimiento que ya ha visto en otra persona. 

No solamente se describe el injusto trato que recibe una mujer que da rienda suelta a sus impulsos, sino el remordimiento de un hombre respetado en la comunidad, que observa a su amante e hija ilegítima siendo vilipendiadas, en lugar de compartir la culpa con ellas. Es fácil sentirse identificado con esta historia, pues, ¿cuántas veces no habremos sido señalados por nuestras culpas? Si la sociedad fuera justa, todos portaríamos una "A" en la ropa.

La novela mantiene buen ritmo y, por lo general, una narración fluida. Los únicos pasajes donde no note del todo esta cualidad son algunos de los capítulos dedicados a Chillingworth (especialmente) y al reverendo Dimmesdale. El personaje de Hester me cayó bastante bien por la dignidad y serenidad con las que enfrenta el oprobio de la gente. Perla, la hija de Hester, resulta irritable de vez en cuando pero también contribuye en algunos pasajes memorables. 

viernes, 1 de septiembre de 2017

Recuerdos de los supervivientes (Encuestas)

La política nazi de los años treinta perseguía hacer tan insoportable la vida de los judíos que éstos se viesen obligados a abandonar el país. En gran medida, esta política fue un éxito: muchos judíos emigraron durante esa década. Sin embargo, a pesar de la discriminación económica, social y jurídica, otros muchos judíos prefirieron quedarse en Alemania, con la esperanza de que Hitler y los nazis desapareciesen y el país recuperase la normalidad.


Aunque al final se demostró que las esperanzas de los judíos eran ilusorias, no eran consecuencia de un proceso irracional; de hecho, se basaban en un lúcido análisis de las intenciones y actitudes de los vecinos, compañeros de clase y colegas alemanes, así como el trato que recibieron los judíos por parte del estado nazi y los oficiales del partido.

Encuesta de los supervivientes judíos de Krefeld, 1996

1. ¿Qué trato recibió usted de sus compañeros de colegio no judíos?

Cordial 22%
Principalmente cordial 18%
Una mezcla de cordial y no cordial 22%
Principalmente no cordial 2%
No cordial 7%
No tenía relación con los escolares no judíos 16%
No recuerda 0%
Otro tipo 2%
NS/NC 11%

2. Antes de 1933, ¿Qué trato recibió su familia de los ciudadanos no judíos?

Cordial 47%
Principalmente cordial 27%
Una mezcla de cordial y no cordial 11%
Principalmente no cordial 2%
No cordial 0%
No tenía relación con los escolares no judíos 2%
No recuerda 7%
Otro tipo 0%
NS/NC 4%

3. Después de 1933, ¿Hubo algún cambio en el trato que recibía su familia de los ciudadanos no judíos? ¿Cómo describiría dicho cambio?

Sin grandes cambios; cordial o principalmente cordial 20%
Empeoramiento gradual; mezcla 26%
Claramente peor; principalmente no cordial 33%
NS/NC 22%

4. ¿Recibió usted ayuda o apoyo significativo de los alemanes no judíos durante el Tercer Reich?

No 89%
Si 9%
NS/NC 2%

5. ¿Fue interrogado alguna vez por la Gestapo o por la policía?

No 89%
Si 9%
NS/NC 2%

6. ¿Sentía miedo por la posibilidad de que lo detuviesen durante el Tercer Reich?

Sentía un miedo constante 20%
Sentía miedo ocasionalmente 42%
No temía que tal cosa pudiera ocurrir 27%
NS/NC 11%

7. ¿Cuándo abandonó Alemania?

1933 11%
1934 2%
1935 2%
1936 7%
1937 7%
1938 20%
1939 29%
1940 4%
1941 4%
1942 2%
1943 0%
1944 2%
NS/NC 9%


NOTA: La media de edad de los encuestados era de setenta y seis años en el momento de realizar la encuesta (abril-junio de 1996). (Algo más del 50% de los encuestados nació en 1921 o en una fecha anterior).


Fuente
Johnson, Eric A.. (2002). El terror nazi. Barcelona y Buenos Aires: Editorial Paidós.

Kristallnacht, la noche de los Cristales Rotos (Parte 2)




Estos acontecimientos impactaron al mundo y a gran parte de la sociedad alemana. Muchos oficiales y altos cargos nazis condenaron los disturbios incontrolados y los daños causados a las relaciones internacionales como consecuencia del pogromo de la Kristallnacht que desencadenó Goebbels. Göring, que viajaba en tren cuando comenzaron las acciones contra los judíos, se sintió indignado cuando tuvo conocimiento de los hechos a su llegada a Berlín. No tardó tiempo en reaccionar: llamó rápidamente a Hitler para expresar su desacuerdo el 10 de noviembre y tomó medidas para controlar la situación. Al día siguiente se ordenó el cese del pogromo. 

El 12 de noviembre, Göring pronunció en Berlín una conferencia a la que asistieron los altos cargos del estado, el partido y la policía, así como los principales representantes de las compañías de seguros alemanas. Abrió la sesión declarando que ya había sufrido suficientes agravios y que ahora, de una vez por todas, iba a tomar las medidas necesarias para resolver la cuestión judía:
La reunión de hoy tiene un carácter decisivo. He recibido una carta en nombre del Führer [...] donde se ordena que la cuestión judía sea ahora, de una vez por todas, coordinada y resuelta de un modo u otro. [...] Esta vez debemos optar por algo decisivo. Porque, caballeros, creo que ya hemos tenido bastantes manifestaciones de violencia. No perjudican a los judíos, sino a mí mismo, como máxima autoridad en la coordinación de la economía alemana. Si hoy se destruye una tienda judía y sus bienes son arrojados a las calles, la compañía de seguros tendrá que pagar los daños, algo que ni siquiera afecta a los judíos. Además, los bienes destruidos provienen de los bienes del consumidor, que a su vez pertenecen al pueblo. [...] No deseo que quede una sola duda, caballeros, sobre el objetivo de esta reunión. No hemos venido simplemente a hablar, sino a tomar decisiones, e imploro a las instancias competentes que tomen las medidas oportunas para eliminar a los judíos de la economía alemana.
En la clausura de la conferencia, Göring exclamó: "De una vez por todas quiero erradicar los actos individuales [contra los judíos]". A partir de entonces, la persecución de los judíos se llevó a cabo al estilo metódico alemán, no en estallidos violentos y disturbios populares. Raul Hillberg apunta lo siguiente: "El pogromo de noviembre fue la última oportunidad para la violencia callejera contra los judíos. [...] A partir de entonces sólo fue posible tratar a los judíos de un modo "legal", es decir, de un modo metódico que permitía la planificación adecuada y concienzuda de cada medida". Los disturbios dieron paso a la normalidad en la mayor parte de las localidades antes del 11 de noviembre, pero los efectos secundaron perduraron varias semanas más. 

El 12 de noviembre, Göring ya había aprobado varios decretos en los que atribuía a los judíos la responsabilidad del asesinato de Rath -por el cual tendrían que pagar una multa de mil millones de marcos y costear los daños ocasionados- y excluía a los judíos de la vida económica alemana. Según el último decreto, del 1 de enero de 1939:

  • Se prohibía a los judíos que tuviesen tiendas al por menor o de venta por correo o trabajasen como comerciantes autónomos, pues ya no podían ofrecer al público bienes o servicios en mercados, ferias o muestras.
  • Podían ser despedidos con un aviso de sólo seis semanas de antelación.
  • Perdían todo derecho a reclamar el subsidio de desempleo o pensiones de jubilación.

Los expedientes de la Gestapo y los autos del Tribunal Especial relativos a los judíos de Krefeld, Colonia y Bergheim subrayan la precaria situación que vivieron los judíos desde la Kristallnacht hasta el estallido de la guerra, en septiembre de 1939. Muy pocos judíos acusados de infracciones de cualquier tipo recibían ahora medidas de indulgencia por parte de las autoridades. Casi todos fueron enviados directamente a campos de concentración, o bien condenados por tribunales alemanes y, después de cumplir la condena, enviados por la Gestapo a campos de concentración. Los datos sugieren también que no sólo la Gestapo y los tribunales castigaron más severamente a los judíos después de la Kristallnacht, sino que la Gestapo dedicó más recursos que antes a la incriminación de los judíos. 

Antes de noviembre de 1938, la Gestapo permitía que la población civil informase sobre los casos judíos, excepto cuando se trataba de presuntas actividades comunistas o peligrosas para el régimen. Después de la Kristallnacht, la Gestapo confiaba mucho menos en la población como fuente de información sobre los judíos, y mucho más en su propia red de espionaje. En 1939, las protestas comunistas, socialistas, religiosas o de otro tipo ya habían sido acalladas. La prioridad de la Gestapo y el régimen era obligar a los judíos a abandonar el país. 


Fuente
Johnson, Eric A.. (2002). El terror nazi. Barcelona y Buenos Aires: Editorial Paidós.

jueves, 31 de agosto de 2017

Kristallnacht, la noche de los Cristales Rotos (Parte 1)

Toda apariencia de moderación en el trato de los nazis hacia los judíos llegó a su fin en noviembre de 1938, cuando se desató el pogromo de la Kristallnacht. No obstante, los datos indican que la mesura temporal de los nazis en su política antisemítica -necesaria en parte por el deseo de Hitler de ofrecer una buena imagen a los extranjeros durante los Juegos Olímpicos de 1936- había finalizado al menos un año antes.


El 27 de noviembre 1937, el ministro de Economía del Reich, Hjalmar Schacht, que había supervisado el programa de renovación económica pero que también se había opuesto al antisemitismo radical en materia económica, fue destituido. Una vez eliminado el estorbo de Schacht, los empresarios judíos recibieron cada vez más presiones para vender sus negocios a firmas arias, siempre a precios muy inferiores a su valor en el mercado. El decreto de Göring del 15 de diciembre de 1937 redujo el cupo de materias primas y el mercado de divisas de los negocios judíos, y el del 1 de marzo de 1938 privó a los judíos del derecho de recibir contratos públicos. Para facilitar la "arianización" de la economía e impedir que los judíos conservasen sus bienes, Göring decretó el 26 de abril de 1938 que todas las propiedades judías por un valor superior a los 5.000 marcos fuesen registradas oficialmente. Entre junio y julio se aprobaron medidas adicionales para prohibir a los médicos, dentistas y veterinarios judíos atender a pacientes arios o a sus animales.

El acoso y la humillación de los judíos se exacerbaron en diversos aspectos durante este período, a medida que el régimen incrementó sus esfuerzos para obligar a los judíos a emigrar. La propaganda antisemítica se hizo más virulenta, muchos municipios aumentaron sus restricciones sobre el movimiento judío y los letreros "sólo para alemanes" fueron cada vez más comunes en los bancos de los parques. Un decreto promulgado el 17 de agosto de 1938 regulaba los nombres de pila, iniciando un proceso consistente en marcar a los judíos (proceso que culminó en septiembre de 1941 cuando se obligó a los judíos mayores de seis años a ponerse una estrella de David amarilla con la palabra judío cada vez que salían en público). De acuerdo con esta medida, que entró en vigor el 1 de enero de 1939, los judíos debían ser fácilmente identificables, eligiendo para sus hijos recién nacidos nombres prescritos en una lista, como Abimelech, Hennoch o Zedek para los varones, y Breine, Cheiche o Jezebel para las mujeres. 

Pese al acelerado ritmo de la persecución, muchos judíos se aferraron a la esperanza, cada vez más lejana, de que mejorase la situación, o al menos no empeorase. Sin embargo, de la noche a la mañana los judíos indecisos entraron en razón. "La Kristallnacht sucedió en noviembre de 1938 y todo cambió", afirmaba Max Rein en una carta que escribió el 1 de abril de 1988 a los organizadores de un intercambio entre antiguos judíos de Krefeld y escolares de la ciudad, en la víspera del quincuagésimo aniversario del pogromo.

La noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, y durante varios días después, los judíos de Krefeld, Colonia, Bergheim y el resto de Alemania sufrieron un arrebato de violencia antisemítica sin parangón en todos los años del Tercer Reich. En unos días, casi todas las sinagogas y lugares de culto judíos fueron profanados e incendiados, miles de establecimientos y pisos particulares judíos fueron saqueados y destruidos, 91 personas fueron asesinadas, unos 26.000 hombres judíos fueron enviados a campos de concentración, y otros miles de judíos acabaron temporalmente en prisión preventiva o retenidos por las autoridades. Tales atrocidades se cometieron a la vista de todos. Robert Gellately lo ha explicado así: "Era imposible no ser testigo [...] Casi de la noche a la mañana llegó el final para muchas comunidades judías pequeñas".

Hershel Grynszpan

El 7 de noviembre de 1938, Hershel Grynszpan, adolescente judío de diecisiete años educado en Hanover, disparó a un joven diplomático alemán llamado Ernst vom Rath en la embajada alemana de París. Este acto de Grynszpan fue la represalia por la noticia que había recibido recientemente de su hermana, donde se le comunicaba que sus padres habían sido deportados a Polonia al final de octubre. Rath murió dos días después, el 9 de noviembre. En ese momento, Hitler, Joseph Goebbels y otros líderes del Partido Nazi se encontraban reunidos en el ayuntamiento de Munich, celebrando el intento de golpe de estado frustrado llevó a cabo Hitler quince años antes. Cuando recibieron la noticia de la muerte de Rath, aproximadamente a las 8:30 de la tarde, Goebbels aprovechó la ocasión para liderar la persecución judía. Después de un vehemente discurso antisemítico, en el que exigía que los judíos pagasen colectivamente por el asesinato de Rath, los líderes del partido, los hombres de las SA y los oficiales de la Gestapo de toda Alemania recibieron llamadas telefónicas en las que se les instaba a emprender acciones inmediatas contra los judíos. 

Aproximadamente a las 10:30 de la noche, en la sede regional del Partido Nazi de Krefeld se recibió una llamada de Munich a través de la cual se comunicaba la orden de Goebbels de emprender acciones contra los judíos. La orden fue transmitida a Diestelkamp, quien a su vez puso en marcha el pogromo asignando las principales funciones a hombres de las SA y las SS vestidos de civiles. La implicación de la Gestapo comenzó algo más tarde. La Gestapo no debía intervenir excepto si era para garantizar el cumplimiento de ciertas normas relativas a las "manifestaciones":

  • No incendiar las sinagogas situadas en zonas que podían poner en peligro los edificios vecinos;
  • Destruir pero no saquear las tiendas y casas judías;
  • No dañar los negocios no judíos;
  • Y no molestar a los extranjeros, aunque fuesen judíos.
En cuanto los oficiales de la Gestapo quedasen liberados de las responsabilidades de control, debían detener a todos los judíos varones que cupiesen en los calabozos locales, sobre todo hombres acaudalados y no excesivamente mayores. Durante la mañana del 10 de noviembre y a lo largo de todo ese día y el siguiente, la Gestapo de Krefeld procedió a detener a 63 hombres judíos de edades comprendidas entre los diecinueve y sesenta y seis años. Después de pasar varios días en la cárcel local de Krefeld, estos hombres fueron enviados junto con varios cientos de judíos de la región del Rin y del Ruhr al campo de concentración de Dachau, situado a las afueras de Muchich. En Dachau, los hombres recibieron un anticipo de lo que tenían reservado para los judíos que permanecían en Alemania. Estos hombres judíos, en su mayor parte, fueron liberados al cabo de tres o cuatro semanas, después de que sus familiares pagasen el billete de vuelta y después de haber aportado pruebas de que ya habían hecho los preparativos para emigrar. 
La experiencia de los judíos que no habían sido enviados a Dachau no fue menos terrorífica. Aunque la mayoría de los ciudadanos alemanes sólo presenció el pogromo y no participó en él, muchos se sentían avergonzados por ello, y algunos incluso ayudaron a los judíos durante aquel proceso*.





*Ian Kershaw, en su estudio sobre la actitud del pueblo en la Alemania nazi, sostiene que los ciudadanos reaccionaron al pogromo con "un gran movimiento de desaprobación. [...] La afirmación de Goebbels de que el pogromo había sido la "respuesta espontánea" del pueblo alemán ante el asesinato de Vom Rath era universalmente reconocida como rídicula". Popular opinion and political dissent in the Third Reich, op, cit., págs. 262-263.



Fuente
Johnson, Eric A.. (2002). El terror nazi. Barcelona y Buenos Aires: Editorial Paidós.

martes, 29 de agosto de 2017

Las Leyes de Nuremberg



Los líderes del Partido Nazi de Berlín estaban preocupados por los casos en los que las autoridades judiciales y policiales tenían que combatir los impulsos antisemíticos de los activistas del Partido Nazi y otros extremistas a fines al régimen. En 1935 tomaron importantes medidas para tranquilizar a los militantes y controlar la situación. El 11 de abril de 1935, el Secretario del Partido Nazi, Hess, dio la orden siguiente a los miembros del partido:

Si bien comprendo que todos los nacionalsocialistas decentes se opongan a estas nuevas tentativas judías con gran indignación, debo advertirles con la máxima diligencia que no den rienda suelta a sus sentimientos por medio de actos de terror contra individuos judíos, pues esto sólo provocará que los miembros del partido entren en conflicto con la policía política, que a su vez está formada por muchos militantes del partido, y esto será bien recibido por los judíos. La policía política en tales casos sólo puede cumplir las órdenes estrictas del Führer de emplear todas las medidas necesarias para mantener la paz y el orden, posibilitando así que el Führer reprenda en cualquier momento las atrocidades y boicots denunciados por los judíos del extranjero.


Además de la advertencia de Hess, la dirección del Partido Nazi también tomó otras decisiones importantes a partir de entonces para presionar más a los judíos y clarificar su estatus legal. La más significativa fue la aprobación de la "Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes y la ciudadanía del Reich" el 15 de septiembre de 1935, que supuso un paso crucial en la persecución "legal" de los judíos. Las Leyes de Nuremberg, promulgadas el último día de la Fiesta-Mitin Anual del Partido en Nuremberg y justo después de una nueva oleada popular de atrocidades y boicots antisemíticos por toda Alemania, conferían a la policía y a las autoridades judiciales nuevas armas poderosas para perseguir a los judíos. Las nuevas leyes excluían a los judíos de los derechos de ciudadanía, aportaban una definición legal de "judío" y proscribían las relaciones físicas entre judíos y no judíos.

La Ley para la protección de la sangre y el honor alemanes y la ciudadanía del Reich incrementó la vulnerabilidad jurídica de los judíos y su aislamiento social, al declarar ilegales el matrimonio y el contacto sexual entre judíos y arios, prohibir que los judíos contratasen a mujeres alemanas menores de cuarenta y cinco años como servicio doméstico e impedir que desplegasen la bandera alemana o los colores del Reich. Dado que Hitler creía que las relaciones sexuales siempre son iniciadas por los hombres, sólo éstos eran procesados por incumplir las prohibiciones sexuales de estas leyes. En teoría, tanto los judíos como los individuos "de sangre alemana" podían ser castigados (con condenas de hasta quince años de prisión) por cometer el nuevo crimen de Rassenschande (habitualmente traducido como "corrupción racial").

A causa de la nueva oleada de medidas contra los judíos, fue necesario definir quién era o no era considerado "judío". Para la mayor parte de los militantes y oficiales del partido, cualquier individuo con una gota de sangre judía era judío y merecía ser perseguido hasta el final. 

Muchos funcionarios judiciales y del estado consideraban necesario distinguir entre:

  • Volljuden (judíos puros).
  • Mischlinge (personas nacidas de matrimonios mixtos formados por un cónyuge judío y otro no judío). Posteriormente subdivididas en dos grupos: de primer grado (con dos abuelos judíos) y segundo grado (un sólo abuelo).
Raul Hilberg señala que "el partido "combatía" al semijudío como portador de "influencia judía"; el servicio civil quería proteger "la parte alemana" de los semijudíos". Al final, la definición se redactó en el Ministerio del Interior y la opinión perdedora fue la del partido.

La primera regulación de la Ley de ciudadanía del Reich, aprobada el 14 de noviembre de 1935, recogía dicha definición. Según la nueva legislación de noviembre, un judío era todo individuo con tres o más abuelos judíos. En diversas condiciones especiales también entraban en la definición los individuos con sólo dos abuelos judíos: si antes del 15 de septiembre de 1935 habían contraído matrimonio con un judío o eran miembros de la comunidad religiosa judía; si habían sido concebidos en una relación extramatrimonial entre un progenitor judío y otro no judío y habían nacido después del 31 de julio de 1936; o si habían sido concebidos en un matrimonio mixto contraído después del 15 de septiembre de 1935. Las personas que no correspondían a ninguno de los anteriores supuestos pero que tenían al menos un abuelo judío se definían como Mischlinge. Éstos no eran considerados arios, por lo tanto, se encontraron en una posición precaria en la Alemania nazi. No obstante, la mayoría corrió mejor suerte que los "judíos puros" y sobrevivieron al Holocausto. 

La Gestapo

Una vez definidos los judíos, su persecución podía proceder de acuerdo con unos principios más técnicos. Con tal fin, el centro del aparato del terror, con sede en Berlín, creó un departamento especial, encabezado por "especialistas en la persecución a los judíos", para coordinar este asunto. En el otoño de 1936 se constituyó una nueva sección del SD para los asuntos judíos, con Adolf Eichmann como vicepresidente. Su finalidad era centralizar "todo el trabajo de la cuestión judía desarrollado por el SD y la Gestapo" y declaró el 18 de diciembre de 1936 que el principal objetivo de la policía política sería "la reducción de la influencia judía en todas las esferas de la vida pública (incluida la economía) [y] el fomento de la emigración judía". 



Fuente:
Johnson, Eric A.. (2002). El terror nazi. Barcelona y Buenos Aires: Editorial Paidós.

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