martes, 30 de agosto de 2011

Catalina de Aragon "la esposa humilde y leal" (Parte 1)



"Humilde y leal"


Primeros años
La historia comienza en España. El 16 de diciembre de 1485, unos meses después de la histórica batalla de Bosworth Field, en la que Enrique VII se aseguró el trono de Inglaterra, nacía una princesa, Catalina. Era hija, no de uno, sino de dos monarcas reinantes, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los Reyes Católicos, título que les otorgó el Papa. Hubo quien se atrevió a manifestar decepción por el nacimiento de otra infanta, pues los Reyes Católicos sólo tenían un varón. Pero los Reyes Católicos sabían la importancia de tener infantas para enviar a otros reinos, aunque en el fondo Isabel y Fernando temían que su hijo muriera y se produjera la ruptura de la línea hereditaria dinástica. Fernando tenía más razones para estar preocupado, pues las mujeres no podían ocupar el trono aragonés.

El nacimiento de Catalina fue un acontecimiento feliz, aunque poco destacado. A fin de cuentas era el quinto descendiente y por añadidura niña. Las celebraciones coincidieron con las festividades navideñas. Ese jueves, día del parto, el rey Fernando ordenó hacer justas y fiestas en las calles de Alcalá como muestra de felicidad por el nuevo nacimiento. La pequeña infanta fue bautizada en el templo de la Magistral de esta ciudad por el cardenal Pedro González de Mendoza. Catalina fue llevada a bautizar envuelta en una magnífica mantilla de brocado blanco forrada de terciopelo verde que costó 52.640 maravedís.

Los Reyes Católicos

Catalina, la hija menor de Isabel y Fernando, pasó los primeros quince años de su vida (la mitad del promedio de vida de una mujer de aquella época y, según resultó, casi un tercio de la suya propia) bajo la tutela de su notable madre. La singular posición de Isabel como reina que ejercía su mandato armonizaba con esa combinación de carácter pío y éxito militar que la habían convertido en la maravilla de Europa durante la última década del siglo XV. Cuando nació Catalina, la guerra civil que había debido afrontar Isabel al acceder al trono era ya cosa del pasado. De niña Catalina tuvo la imagen no sólo de un rey y una reina que cumplían sus deberes, sino también la de una familia real floreciente. 


Catalina de Aragón

El nombre elegido para ella fue significativo. La llamaron Catalina, por una princesa inglesa, Catalina de Lancaster, abuela de Isabel. A la sangre real española y portuguesa que fluía por las venas de los hijos de Isabel se sumaba una fuerte dosis de sangre Plantagenet. La propia Isabel era descendiente por partida doble de Juan de Gante, tanto del primer matrimonio de éste con su prima Blanca de Lancaster como del segundo con Constanza de Castilla.

Los primeros años de la infancia de Catalina fueron de aventura y a veces arduos, como lo había sido el embarazo de su madre. La corte de Isabel seguía siendo poco más que un campamento. Hubo alarmas, como un incendio en la plaza fuerte, accidental o resultado de una pequeña incursión. Y Catalina estuvo presente durante una incursión mora conocida como "la escaramuza de la reina". En aquella ocasión, las damas de la corte, jóvenes y ancianas, se arrodillaron a implorar protección. No obstante, a pesar de los contratiempos, el avance de la Reconquista era inexorable. Catalina creció con el trasfondo del éxito militar. 


Educación
Isabel había llegado por accidente al trono, debido a la muerte de su hermanastro sin un heredero legítimo. Se había preparado en un apartado convento sin la preparación necesaria para un estadista, mujer u hombre, en el escenario europeo. En particular, no sabía latín, y como ése seguía siendo el idioma de la diplomacia internacional, se había visto obligada a aprenderlo de adulta. De ahí en adelante, el interés de la reina Isabel en el conocimiento y su auspicio del saber llevaron a un renacimiento general de los estudios clásicos en España y a la importación de estudiosos extranjeros, como el italiano Pedro Mártir de Anglería. Las mujeres no estuvieron excluidas de ese renacimiento. En lo que concernía a sus hijas, la reina Isabel había decidido que tuvieran todas las ventajas que a ella le habían sido negadas. 

Pedro Mártir de Anglería

En consecuencia, Catalina estudió no sólo el misal y la Biblia, sino también a los clásicos como Prudencio y Juvenal, a san Ambrosio, san Agustín, san Gregorio, san Jerónimo, a Séneca y a los historiadores latinos. Terminó hablando latín clásico con gran fluidez. Luego se pensó que le convenía tener conocimientos de derecho civil y canónico, así como de heráldica y genealogía.

Aparte de los esfuerzos intelectuales, también se cuidaron las dotes musicales, para el baile y el dibujo de Catalina, las tradicionales esferas femeninas en el Renacimiento. Pero la reina Isabel también inculcó a sus hijas otra tradición femenina más universal: el dominio de las destrezas domésticas, algo mucho más notable tal vez, ya que las que las practicaban se casarían con reyes y archiduques, no con comerciantes y agricultores. Se decía que la reina insistía en confeccionar todas las camisas del rey Fernando. Sin duda, sus hijas aprendieron a hilar, tejer y hornear pan: Catalina consideraba un deber y un derecho bordar las camisas de su esposo. Es realmente notable que la fidelidad conyugal haya sido otra característica común de las princesas europeas descendientes de Isabel la católica. No poseían la sangre caliente de las Tudor, quienes en varias ocasiones permitieron que el corazón o los apetitos físicos se impusieran al cerebro.

Los Reyes Católicos y sus hijos mayores, Juan e Isabel

En cuanto a Fernando, su inteligencia y su habilidad para sobrevivir probablemente fueran sus mayores legados a Catalina. Había antecedentes de desequilibrio mental en la familia de Isabel. Esa tendencia se manifestaría trágicamente en una de las hermanas de Catalina, pero ella mantuvo en general los impulsos histéricos bajo estricto control; en el curso de todas sus tribulaciones conservó la sólida cordura de Fernando. Catalina admiraba mucho a su padre: la constante hostilidad de Fernando hacia Francia, por ejemplo, era una de las actitudes paternas que formaron su carácter.

Negociaciones matrimoniales
Era de esperar que las alianzas matrimoniales planeadas por el rey Fernando para sus hijos reflejaran su interés por neutralizar o, mejor aún, rodear Francia. Las piezas fundamentales en esta partida de ajedrez dinástico, con todo Europa como tablero, eran Borgoña y Austria. En 1477 sus casas se habían unido por el matrimonio de María de Borgoña con Maximiliano de Austria. El conveniente nacimiento de un hijo y una hija de esa pareja de Habsburgo, de una edad que podía conciliarse con la de una princesa y un príncipe de España, puso al alcance de Fernando una jugada brillante. En agosto de 1496, tres años después de que Maximiliano fuera nombrado emperador, la hermana de Catalina, Juana, partió hacia la corte borgoñona para casarse con el archiduque Felipe de Austria; en abril del año siguiente, su hermano Juan se casó con la archiduquesa Margarita, que había sido llevada a España. 


 Juana y Juan de Aragón, quienes casaron con Felipe y Margarita de Habsburgo

El primer matrimonio arreglado por el rey Fernando —el de su hija mayor Isabel con Alfonso de Portugal— reflejaba otra preocupación permanente. Tal como Escocia para Inglaterra, así era Portugal para España: un vecino cuya proximidad geográfica lo convertía permanentemente en un aliado potencial o en un enemigo potencial.


Isabel y María de Aragón, quienes casan con miembros de la casa real de Portugal

Luego estaba Inglaterra. A primera vista, Inglaterra era una potencia menor en comparación con el poderoso trío formado por España, Francia y el que llegó a ser el Imperio de los Habsburgo. No obstante, Inglaterra gozaba de ciertas ventajas naturales en todo juego diplomático o militar. Los mercantes españoles que deseaban llegar a Holanda, los mercantes borgoñones que se dirigían a España, necesitaban la protección de los puertos ingleses si Francia estaba cerrada para ellos. 

El verdadero problema de un matrimonio real inglés, desde el punto de vista de Fernando, era la naturaleza inestable de la nueva dinastía. En agosto de 1485, Enrique de Lancaster se había establecido en el trono inglés como Enrique VII, el primer monarca Tudor. Fue, en último término, un ascenso asegurado a punta de espada, que él esgrimió en Bosworth Fiel. Porque sin duda había otros individuos con más derecho dinástico, no sólo la muchacha con la que se casó, Isabel, hija de Eduardo IV, sino otros representantes de la casa de York.

Enrique VII

Las primeras tentativas para que se celebrara el matrimonio del hijo de Enrique, Arturo, príncipe de Gales, con la hija de Fernando, Catalina, probablemente comenzaron en 1487, cuando Arturo tenía menos de un año y Catalina aún no había cumplido dos. En apariencia, hubo un firme progreso. En abril de 1488 se le encomendó al doctor Rodrigo Gonzáles de Puebla que redactara un tratado de matrimonio con los comisionados del rey inglés. 

Hubo también mucho regocijo cortesano, en particular por parte inglesa. En julio, por ejemplo, Enrique VII felicitaba exageradamente a Fernando e Isabel por su último éxito contra los moros. Desde Londres, De Puebla escribió que el rey inglés estalló en un espontáneo Te Deum laudamus cuando se tocó el tema del matrimonio y de la alianza. La reacción española fue un tanto más fría. No entraba en los planes políticos de Fernando, casar a una de sus bien instruidas embajadoras con un miembro de "una familia que cualquier día podía ser expulsada de Inglaterra", según expresó él mismo con ironía. No obstante, para Enrique VII el matrimonio era lo suficientemente valioso como para tragarse uno o dos insultos corteses. El posterior Tratado de Medina del Campo, en marzo de 1489, fue su primer avance importante en términos de una alianza europea. Era esencial para Enrique que los pretendientes de la casa de York ya no obtuvieran refugio en suelo español, y tanto a Fernando como a Enrique los aliviaba estar unidos contra los franceses.



Catalina de Aragón tenía poco más de tres años en la época de Medina del Campo. Cuando estudiaba la historia de sus antepasados ingleses no aprendía oscuras leyendas sino elementos con los que forjarse una idea acerca de cuál podía ser su propio futuro como princesa de Gales. Las negociaciones para el compromiso de la joven pareja no se iniciaron hasta finales de 1496, poco antes de que Catalina cumpliera once años.


Arturo Tudor

En enero de 1497, la joven infanta encomendó al doctor De Puebla que la representara en su compromiso. En consecuencia, el siguiente mes de agosto, Arturo y Catalina se comprometieron formalmente en Woodstock y De Puebla actuó en representación de Catalina. Pero a partir de ese momento a Catalina se la llamó oficialmente princesa de Gales. 


Princesa de Gales
Una de las cuestiones molestas que planteaban los tratados matrimoniales entre jóvenes príncipes era cuándo y en qué etapa del desarrollo debía la princesa prometida partir hacia el país de su futuro esposo. Eso, a su vez, se relacionaba con el tema de la entrega de su dote, algo siempre fastidioso, en especial para padres como Fernando de Aragón y Enrique VII.

Una serie de instrucciones sobre la vida en la corte inglesa fueron despachadas a la "princesa de Gales" por su futura suegra y la mujer que era la reina madre en todo menos en el nombre, Margarita de Beaufort. Catalina debía tratar de aprender francés hablándolo con su cuñada, la archiduquesa Margarita, para poder conversar en ese idioma cuando fuera a Inglaterra.


La petición siguiente era que Catalina se acostumbrara a beber vino. "El agua de Inglaterra —escribió con tristeza Isabel de York— no es potable y, aunque lo fuera, el clima no permitiría beberla".
El domingo de Pentecostés —19 de mayo— de 1499, se celebró la primera de las ceremonias nupciales que unirían a Arturo con Catalina, a las nueve de la mañana después de misa, en el Bewdley Palace de Worcestershire. De Puebla, obedeciendo las pautas de la época, representaba el papel de la novia; no sólo tomó la mano derecha del príncipe en la propia y estuvo sentado a la derecha del rey en el banquete que siguió, sino que también metió una pierna de manera simbólica en la cama matrimonial real, como establecía la ley. 

Finalmente se convino, en el curso del año 1500, que Catalina debía iniciar su viaje hacia Inglaterra poco después de su decimosexto cumpleaños. Pero la familia real de España, durante ese último año de la crucial adolescencia de Catalina, era muy diferente de la confiada unidad en que ella había sido criada. Fernando e Isabel habían sido golpeados por una serie de terribles tragedias personales, desastres familiares que destruyeron ademas la política europea de Fernando. La primera fue la peor. En octubre de 1497, el adorado hermano de Catalina, el infante Juan, murió tras una breve enfermedad. "Así decayó la esperanza de toda España", escribió Pedro Mártir. 

Hubo otros contratiempos: un nuevo levantamiento moro amenazó la despedida de Fernando de su hija menor. Una de las últimas paradas de Catalina, antes de embarcarse en La Coruña el 17 de agosto, fue en Santiago de Compostela, donde pasó la noche orando en el templo consagrado a san Jacobo. Pero sus oraciones no sirvieron para ahorrarle otro desastre una vez a bordo de la nave. Una feroz tormenta en la bahía de Vizcaya la llevó de regreso a las costas españolas. No fue hasta fines de septiembre que Catalina pudo volver a embarcar hacia una Inglaterra cada vez más impaciente por su llegada. 

Después no faltarían cronistas que afirmaran que el problemático futuro de Catalina había sido presagiado por esos vientos inoportunos. Se dice que la propia Catalina comentó, a la vista del resultado de su primer matrimonio, que "esa tempestad auguraba alguna calamidad". Pero como las tormentas en la bahía de Vizcaya no constituían ninguna rareza, probablemente Catalina sufriera más por "la fatiga causada por un mar furioso", como lo expresó Enrique VII, que por el peso de los presagios. El segundo viaje no fue demasiado tranquilo pero al menos se completó. El 2 de octubre de 1501 llegó a Plymouth Sound la pequeña flota enviada a escoltar a la princesa de Gales a Inglaterra.

"La princesa no habría sido recibida con mayor alegría si hubiera sido la salvadora del mundo", escribió un miembro del séquito español de Catalina. En cuanto pisó tierra firme, a pesar de su indisposición y sin tiempo para cambiarse de ropa, Catalina pidió que la llevaran a una iglesia para dar gracias por haber llegado sana y salva. Después de tantas demoras y frustraciones, la excitación del rey Enrique era comparable a la de los súbditos que animaban el corazón de Catalina en el trayecto con sus leales aclamaciones (aunque no entendía las palabras, podía apreciar la intención).


Apariencia

¿Que aspecto tenía en realidad la princesa de Gales? El rey Enrique necesitaba ver con sus propios ojos a la esposa de su hijo, asegurarse de que fuera saludable, núbil y preferiblemente también bonita. El rey, que había solicitado especialmente que las damas españolas de Catalina fueran beldades, no actuaba por mera codicia de los ojos. La relación entre un buen aspecto y un buen carácter, como aquélla entre una apariencia saludable y fertilidad, era algo en lo que en mayor medida todos creían por entonces.


Pero en Dogmersfield, las exclamaciones de éxtasis mutuo cesaron de manera repentina, porque se le dijo secamente al rey que ni se le ocurriera examinar personalmente a Catalina. Como esposa castellana de noble cuna, Catalina se mantendría cubierta por un velo tanto para el esposo como para el suegro hasta que se hubiera pronunciado la solemne bendición de la ceremonia final.

Hubo una momentánea desavenencia entre el monarca inglés y una formidable matriarca española llamada doña Elvira Manuel, a quien la reina Isabel había encargado el cuidado de Catalina. El rey Enrique señaló que, dado que Catalina era su nuera, era en realidad una súbdita inglesa, de modo que las antiguas costumbres castellanas carecían de importancia. Al final la disputa se resolvió en favor del futuro inglés de Catalina en oposición a su pasado castellano. El velo se levantó. Catalina hizo una profunda reverencia en un gesto de simbólica obediencia al rey inglés.


No había habido ninguna treta, ningún disimulo. Con una mezcla de alivio y deleite, el rey pudo decir de Catalina: "Mucho admiré su belleza, así como sus modales agradables y dignos". El príncipe de Gales, obedientemente, siguió el ejemplo. En su vida había sentido tanta alegría, les escribió a sus padres políticos unas semanas más tarde, como cuando contempló "el dulce rostro de su esposa"

Aun si se tiene en cuenta la exageración diplomática, no cabe duda de que Catalina, en vísperas de su decimosexto cumpleaños, poseía una belleza juvenil y fresca que encantaba a los observadores, no solo a los miembros de la familia de la que iba a formar parte. Sus mejillas rosadas y su piel blanca eran muy admiradas en una época en que el maquillaje era torpe, descarado y estaba mal visto. Se pensaba que una tez como la de Catalina indicaba un temperamento más sereno y alegre que la cetrina. Además, el cabello de Catalina era rubio y abundante, con reflejos rojizos, y sus rasgos bonitos y regulares en un grato rostro ovalado. 

Tomás Moro, ocho años mayor que Catalina, fue uno de los que se burlaron de los escoltas españoles de la joven como "ridículos...pigmeos etíopes, como diablos salidos del demonio" en verdadero estilo xenófobo inglés. Pero de Catalina escribió: "Nada falta en ella que debiera tener la muchacha más bella". Era elegante y delicada, con los movimientos gráciles de una bailarina.

Si su tez era su principal belleza, la principal desventaja de Catalina era su escasa estatura. Toda la gracia de su porte, inculcada durante muchos años en la corte castellana, no lograba disimular que era sumamente baja, diminuta. Además era gordita, pero una grata redondez en la juventud era considerada deseable en aquella época porque indicaba futura fertilidad. En contraste, la voz de Catalina era sorprendentemente grave y profunda para ser mujer, y eso sin duda contribuía a la impresión de dignidad que daba a cuantos la conocían y compensaba la falta de centímetros.




Bibliografia                                                                                         Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.



Tremlett, Giles. Catalina de Aragón, Reina de Inglaterra. Editorial Crítica , S.L. 2012 


Ulargui, Luis. Catalina de Aragón. 2004 Random House Mondadori S.A

Mitos acerca de Ana Bolena

¿Ana Bolena tenia seis dedos?
Se decía que Ana utilizaba mangas largas para esconder su mano. De haber tenido una malformación, su padre no la habría presentado en las cortes de Países Bajos, Francia e Inglaterra. Además, los restos que se encontraron no revelan un sexto dedo. De haber sido verdad este mito, Ana hubiese tenido polidactilia (trastorno genético donde un humano o animal nace con mas dedos en la mano o pie).





¿Ana era pelirroja?

Ha surgido la posibilidad de que Ana Bolena fuese pelirroja. Algunos han argumentado que si Isabel era pelirroja, el color debía ser atribuido a su madre. Sin embargo, hay que recordar que el cabello rojizo era un rasgo característico de los Tudor. Tenemos como ejemplo a la duquesa de Suffolk, María Tudor.



Este es el retrato que se atribuye a Ana Bolena, notaran el cabello claro de la dama. No creo que esta mujer sea Ana Bolena, incluso se ha sugerido que podría ser una de las damas de la familia Wyatt.  Y si todas las descripciones contemporáneas han coincidido en que Ana era morena, ¿porque de repente surge la idea de que Ana era pelirroja? ¿O acaso todos los cortesanos y los embajadores se pusieron de acuerdo para decir que Ana era morena? No lo creo. 

¿Ana realmente fue una "gran ramera"?
Ana ha sido llamada "la gran ramera", "la puta del rey", "la concubina" y "un escándalo para la cristiandad". Desde el punto de vista de Catalina, no podía pensar de otra manera de la mujer que le robaba el amor de su marido. Lo mismo María y su antipatía por la madrastra que había suplantado a su madre.

Sin embargo, Ana no mantuvo relaciones con el rey hasta casarse, o poco antes del casamiento. Llegó a Inglaterra con una reputación intachable. Es probable que Ana fuera etiquetada de ramera debido a que paso una parte de su vida en la corte de Francia, conocida por su ligera moral. 

¿Dio a luz un feto deforme?
Fue uno de los motivos por los que se creyó que Ana era bruja. Los hijos deformes eran considerados la consecuencia de un grave pecado cometido por los padres. No hay fuente confiable que confirme tal rumor. Ni siquiera el embajador Chapuys, firme partidario de Catalina de Aragón, habló sobre un feto deforme. 

¿Una traidora que planeo matar a su esposo?
Una de las acusaciones fue de haber sido infiel al rey con varios caballeros de la corte, incluido su hermano. Pero aún peor era la acusación de regicidio. Planear matar al rey y actuar de regente durante la minoría de edad de su hija, gobernando así con uno de sus amantes.


¿Porque mataría al único que le había dado tanto poder? Aunque Catalina hubiese sido repudiada por su esposo, era una princesa española y tía de un poderoso emperador, no estaba completamente sola. Ana estaba a merced de Enrique. Tampoco es probable que haya tenido un romance adultero, conocía los peligros de la corte y no se habría arriesgado a cometer una imprudencia de tal tamaño. 



¿Ana se alegro por la muerte de Catalina de Aragon? 
Al parecer es cierto que Ana se regocijo ante la noticia de la muerte de Catalina. Ahora era verdaderamente la reina de Inglaterra y tenía en su vientre al heredero de Enrique VIII. El 7 de enero de 1536 moría una de las reinas más queridas entre el pueblo ingles. La muerte de Catalina supondría el ocaso de la antes poderosa Ana Bolena, ya que a partir de ese momento se vio envuelta en intrigas y conspiraciones que la conducirían a un cruel destino. 



Hay un error con respecto a la serie Los Tudor. Como verán en la foto, Ana va totalmente ataviada de amarillo. Pero Enrique viste de negro. En realidad, ambos iban vestido de amarillo de pies a cabeza, con la única excepción de la pluma blanca del sombrero de Enrique. Hubo un tiempo en que se dijo que el amarillo era el color del luto en España, pero dicha afirmación ha sido desmentida por algunos historiadores. Era entre los budistas chinos donde el amarillo era el color del luto, pero no en España. 

Si Ana demostraba alegría por la muerte de su rival, no lo sabremos con certeza, ya que podía celebrar tanto por la muerte de Catalina como por su nuevo embarazo.

¿Ana deseaba la muerte de María Tudor?


Si Ana celebro el fallecimiento de Catalina de Aragon, es muy probable que deseara que Catalina y su hija pasaran a "mejor mundo". En el momento de su ejecución, Ana dijo: "Si he sido conducida a este fin por la voluntad de Dios, creo que es solamente por haber maltratado a la princesa María, por haber pensado en matarla" pero no dice haber llevado a cabo esa idea, sabiendo que la culpa de inmediato recaería en ella. Si creía que la muerte de lady María sería la solución a sus problemas, no se habría atrevido a emprender planes de asesinato, cuando todos los partidarios de Catalina se habrían vuelto contra ella. También debió tomar en cuenta las represalias del emperador contra quien dañara a un miembro de su familia.

¿La hija de Ana en realidad fue engendrada por Mark Smeaton? 


Cuando María Tudor era reina, menciono en repetidas ocasiones que su hermana Isabel era ilegitima, ya que pensaba que Isabel tenía el rostro de Smeaton. Esta afirmación es descartable, primeramente porque Isabel tenía un gran parecido a Enrique VIII (del cual heredo el pelo rojizo) y a Ana Bolena (los ojos ámbar y su delicada estructura osea). 

¿Ana era hija de Enrique VIII?
Surgió el rumor acerca de que la madre de Ana, lady Elizabeth Howard, mantuvo un romance con el rey Enrique VIII, y que la propia Ana era producto de esa relación. Elizabeth Howard fue descrita en su juventud como una mujer atractiva, pero no se menciona nada acerca de un amorío con el rey. Hay que tomar en cuenta que, con el ascenso de los Bolena, cualquiera habría buscado manchar el nombre de la futura consorte de Enrique. Por otro lado, es bien conocido que cuando el rey fue acusado de haberse acostado con lady Elizabeth y sus dos hijas, él respondió: "Nunca con la madre"


lunes, 29 de agosto de 2011

Amoríos de Isabel Tudor



La reina Isabel I es conocida como la Reina Virgen, porque nunca accedió a casarse y procrear descendencia que asegurará la continuidad de su dinastía en el trono inglés. Aunque la virginidad de dicha reina ha sido puesta en duda, ya que tuvo varios favoritos durante su reinado y una experiencia en su adolescencia.


Thomas Seymour

Tras la muerte de Enrique VIII, lady Isabel estuvo bajo el ala de la reina viuda. Uno de aquellos que ya apreciaban su atractivo era el esposo de su madrastra, Thomas Seymour. Bullicioso por naturaleza, consciente del efecto de sus encantos sobre las mujeres, pudo haberle parecido natural a Seymour dedicarse a los juegos sexuales con la joven protegida de su esposa. 

Seymour tomó la costumbre de entrar en el dormitorio de la muchacha antes de que ella estuviera vestida por completo. Le daba unos golpecitos "en la espalda o en las nalgas familiarmente", le robaba besos e incluso se guardaba la llave de la habitación para que ella no pudiera escapar. Luego él mismo se presentaba con las piernas desnudas y vestido sólo con un corto camisón (bata). 

Fue Catalina la que finalmente decidió que ya era suficiente y despidió a la muchacha. Isabel se marchó a Cheshunt, donde fue puesta al cuidado de sir Anthony Denny. Katherine Ashley dio como razón la angustia de la reina al encontrar a Isabel en brazos de Seymour, pero después retiró la historia. Dado que Catalina e Isabel siguieron luego en términos afectuosos, probablemente la reina obró tanto en interés de la reputación de su hijastra como por celos. Thomas Seymour terminó siendo ejecutado por traición el 20 de marzo de 1549.


Robert Dudley

Isabel había conocido a su "dulce Robin" (como ella lo llamaba) desde que tenía 8 años de edad y lo consideraba como a uno de sus más viejos y queridos amigos. Se había criado en la corte y fue una elección natural para el selecto grupo de los niños de la aristocracia que compartieron sus lecciones con Isabel y Eduardo. En el joven Robert Dudley, Isabel encontró un compañero de espíritu. Inteligente, encantador, guapo, un excelente jinete y deportista. Una de sus primeras decisiones como reina fue elegir a Dudley como jefe de la caballería, un posición que involucró la coordinación de eventos reales y cabalgar a su lado en las procesiones. Pero Dudley no solo se dejaba ver a un lado de la reina en los los eventos públicos. Dentro de la corte tenia más acceso a Isabel que cualquiera de sus concejales y los rumores sobre la relación íntima eran comunes. Más adelante, cuando Robert hablaba acerca de su amistad con Isabel en la niñez, dijo que "la conocía mejor que cualquier persona de cuando ella tenía ocho años", agregando también: "Y desde esa edad ella dijo que nunca se casaría".

Sin embargo, había un obstáculo importante en el camino de la relación de Dudley con Isabel. Estaba casado con una dama llamada Amy Robsart. Aunque su esposa tuviera "una enfermedad en uno de sus pechos", su existencia, viviendo tranquilamente en el país, impidió que el romance real progresara. Si alguna vez Isabel y Robert pensaron en casarse, la misteriosa muerte de Amy menguaría tales esperanzas. En 1578, Dudley, conde de Leicester, se casó con Lettice Knollys. Se cuenta que Dudley tuvo que ocultar la noticia de su boda a la reina por un tiempo, sin embargo, es poco probable que los enemigos del conde desaprovecharan la oportunidad de hacerlo quedar mal ante la reina. En 1588, después de la derrota de la Armada española, Dudley falleció. Se narra que la reina quedo devastada por la noticia, al punto de encerrarse por horas en su cámara. Atesoraba la carta que le había enviado pocos días antes de su muerte, y escribió en ella "Su última carta". La puso en un cofre, que Isabel conservó hasta el día de su muerte.




Walter Raleigh

Fue un marino y cortesano nacido alrededor de 1552. Se le atribuye el haber popularizado el tabaco. Llamó la atención de Isabel en 1580. Siete años después, es nombrado capitán de la Guardia. Cayó en desgracia por un tiempo cuando, en 1592, fue descubierto su matrimonio con una de las damas de la reina, Elizabeth Throckmorton. Fundó una colonia en las tierras americanas llamada Virginia, en honor a la soberana. 

                                        

Robert Devereux
Cuando Dudley murió, su puesto como favorito fue tomado por su propio hijastro, Robert Devereux, conde de Essex. Era un apuesto y encantador cortesano, que se había distinguido por luchar contra los españoles en Países Bajos en 1586. Pero él era peligrosamente impulsivo y ambicioso, propenso a formar amargas rivalidades e incurrir en serias deudas.
En 1589, Essex desobedeció a la reina y se unió a la expedición de Drake en Lisboa. A su regreso debió enfrentarse al disgusto de la reina, y pronto se las arregló utilizando sus encantos, consiguiendo ser nombrado consejero privado en 1593 y embarcandose en una larga lucha de poder con William Cecil y su hijo, Robert.

En 1596, Essex se convirtió en héroe nacional cuando participó en la expedición que capturó Cadiz de los españoles. Sin embargo, al año siguiente, él falló en interceptar el tesoro de la flota española frente a las Azores. Isabel lo encontraba cada vez más indisciplinado. Durante una disputa, Essex se atrevió a darle la espalda a la reina y ella le dio una bofetada. Sin embargo, en 1599, ella lo envió a Irlanda como señor teniente. Incapaz de conseguir una victoria militar, concluyó una tregua desfavorable, luego regresó a Inglaterra para explicarse. Furiosa de haberse atrevido a desobedecer sus órdenes, Isabel le privó de sus puestos y lo puso bajo arresto domiciliario.

La respuesta de Essex a esta humillación fue una rebelión. Estableció contacto con Jacobo VI de Escocia y comenzó un plan secreto para colocar al rey escocés en el trono inglés. El 8 de febrero de 1601, con cientos de seguidores, Essex intento levantar una revuelta en Londres, pero la rebelión no pudo despertar el apoyo público. Asustado y humillado, regresó a su hogar, donde fue forzado a rendirse por las tropas de Isabel. Fue encontrado culpable por traición y ejecutado el 25 de febrero de 1601. Durante el juicio, la reina había resuelto que su antiguo favorito se enfrentará a la ejecución, pero después de la muerte de Essex, cayó en la depresión. Sufrió de ataques de llanto y a menudo se retiraba a su dormitorio en la oscuridad. En el verano de 1601, ella admitió al embajador francés que estaba "cansada de vivir, pues ahora nada le satisfacía o le daba placer".







Fuente
Bingham, Jane, "The Tudors: The Kings and Queens of England´s Golden Age", Metro Books, New York, 2012.

Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.

http://www.elizabethi.org/contents/

http://www.bbc.co.uk/

jueves, 11 de agosto de 2011

Coctel Bloody Mary


 El bloody mary es uno de los cocteles mas populares del mundo. A veces se usa para tratar la resaca. El bloody mary debe su nombre a la reina Maria I de Inglaterra apodada bajo el mismo nombre "Bloody Mary" debido a las persecuciones contra los protestantes y porque el color del zumo de tomate se parece mucho a la sangre. 


Ingredientes: 

-3 partes de vodka
-6 partes de zumo de tomate (podéis usar de botella o tetra brick)
-Una pizca de sal y pimienta negra picada al momento
-6 chorritos de salsa Worcestershire
-5 gotas de salsa Tabasco
-1 chorrito de jugo de limón o de lima

Agitar todos los ingredientes con hielo y filtrarlos sobre un vaso (bajo o highball). Adornar con una rodaja de limón, un tallo de apio y pimienta negra molida. Antes de iniciar su preparación, conviene escarchar el borde del vaso con sal gorda mojada en lima.

martes, 9 de agosto de 2011

La serpiente de Isabel I


En una radiografía realizada a uno de los mas retratos de Elizabeth I revelo que la reina sostiene en su mano derecha una serpiente, pero que fue reemplazada por la rosa , el emblema de su casa. Segun Cooper, la serpiente era un símbolo demasiado delicado y ambiguo que podía malinterpretarse. El propio hecho de que se borrara y reemplazara por una rosa así lo corrobora 


En el cristianismo, la serpiente esta asociada con el mal y con el pecado original. A simple vista se ve que la reina agarra una flor en su mano derecha, pero realmente es una serpiente. En el rostro de la soberana han aparecido unas manchas azules dado el transcurso del tiempo. Los análisis fueron efectuados con rayos X y revelaron que era una serpiente de escamas verdes y azules. 

Detalle de la serpiente


Desde la antigüedad la serpiente ha sido asociada a cualidades como la inteligencia, el sigilo y la sabiduría. Sin embargo, este animal esta más vinculado a sentimientos y actitudes mucho menos nobles, como la maldad, la manipulación, la perfidia, e incluso la muerte y el pecado original. Ademas hay un retrato de Isabel con imágenes de serpientes en el vestido. 


FUENTE: 

http://www.masalladelaciencia.es/hemeroteca/la-reina-y-la-serpiente_id32423/analisis-de-un-retrato-de-isabel-i_id1392651.html


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