domingo, 2 de junio de 2013

Madame Du Barry





Jeanne Bécu nació el 18 de agosto en 1743 en Vaucouleurs en Mosa, Lorena. Desde su llegada al mundo, la vida de Jeanne estuvo marcada por el escándalo. Su madre, Anne Bécu, era una bella costurera, quien posiblemente engendro a Jeanne con el monje Jean Baptise Gomard de Vaubernier. Se ha sugerido que Claude-Roch Billard du Monceau pudo haber sido el padre de la niña, pero es aún más probable que Claude fuera padre del segundo hijo ilegítimo de Anne Bécu, también llamado Claude y que murió a los diez meses de vida.
Jeanne recibió educación en el convento de Saint-Aure. No se sabe con certeza si fue Nicolas Ranson (el esposo de su madre) o Claude quien financió la educación de la joven. Sin embargo, Jeanne abandonó el convento a los quince años. Trabajó como asistente para Madame Legardère, pero fue despedida al poco tiempo, y en una boutique llamada La Toilette

Jeanne era una atractiva mujer con bellas facciones, rizos dorados y ojos azules. Era llamada Mademoiselle Lange. Su belleza llamó la atención de Jean-Baptiste du Barry en 1763. Después de convertirla en su amante, Du Barry la ayudó a establecer su carrera como cortesana en las altas esferas de la sociedad parisina, convirtiéndose en amante de aristócratas. 

Amante Real
La oportunidad se presentó con la muerte de la amante del rey Luis XV, Madame de Pompadour, en 1764. El monarca quedó cautivado de inmediato por la belleza de Mademoiselle Lange en 1768, época en la cual ya no tenía amante oficial ni reina consorte. Jeanne no podía calificar como maîtresse-en-titre a menos que tuviera un título, lo cual fue resuelto por Du Barry al casarla el 1 de septiembre de 1768 con su hermano, Guillaume Du Barry, quien acepto el matrimonio a cambio de dinero. La nueva favorita se instaló en Versalles en 1769. Para su presentación en la corte era necesaria la presencia de una patrocinadora, que en este caso fue Madame de Béarn.

Luis XV

La nueva favorita tenía la característica de no estar muy involucrada en asuntos políticos, pero si se encargo de afianzar la posición de quienes la habían promovido. Madame Du Barry contribuyo a la caída del ministro Choiseul (cuyos planes de colocar a su hermana en el lecho real se habían truncado) en 1770. Pero sus intervenciones no llegaron a más, pues luego se dedicó a lo que mejor sabía hacer: proporcionar placer al rey y gastar dinero. Madame De Barry tenía buen carácter y gusto por el arte, sin embargo, su extravagancia fue una de las causas de su impopularidad.
Al igual que muchas de las favoritas, Madame Du Barry vive cómodamente. Instalada en el segundo piso de los Aposentos del Rey, goza de sus privilegios, recibe joyas y dominios, en particular el de Louveciennes en el que residió. Atenta a la artesanía y a la pintura, encarga numerosas piezas al carpintero Delanois, al ebanista Leleu y a los pintores Fragonard y Vien. Amiga de Voltaire, lo visita hasta la muerte de éste en 1778.


Maria Antonieta V.S Madame Du Barry

María Antonieta

Las hijas solteras de Luis XV estaban horrorizadas por la presencia de aquella mujer en los aposentos de su padre. María Adelaida, María Victoria y María Sofía de Borbón utilizan a María Antonieta para humillar a la amante real. La delfina se negaba a saludar a Madame Du Barry. En Viena, los hombres si tenían amantes, pero no eran exhibidas como en Francia.

Madame Adelaida

Madame Victoria

Madame Sofia

Una dama de menor jerarquía no podía dirigirse a una dama de posición superior. A falta de una reina, la primera dama era la futura reina de Francia, la delfina María Antonieta. Madame Du Barry llego a quejarse con el rey. La moralista emperatriz María Teresa se ve obligada a escribir a su hija, indicándole que sea cortés con Du Barry. 
El 1 de enero de 1772, en Año Nuevo, María Antonieta se dirigió a Du Barry y le dijo: "Hoy hay mucha gente en Versalles". A pesar de que fueron palabras breves, María Antonieta se sentía humillada. Madame Du Barry deseaba congraciarse de la delfina, o más bien, no le convenía estar enemistada con la próxima reina de Francia. 


Caída
El declive de Madame Du Barry comenzó en 1774, cuando el rey Luis XV se enfermo de viruela. La joven se dispuso a permanecer junto al rey enfermo. Sin embargo, Madame Du Barry no pudo entrar a la habitación del rey Luis. Tal vez el rey no deseaba que su amante se contagiara, pero también pudo ser porque era consciente de que se acercaba la hora de su muerte. El monarca falleció el 10 de mayo de 1774 en el palacio de Versalles.


A la muerte de Luis XV, María Antonieta se encarga de que su esposo, Luis XVI, aleje a la Du Barry de la corte. Fue enviada a un convento de monjas llamado Pont-aux-Dames en Meaux. Se mantuvo aislada, sin apenas recursos ni comodidades. Desde 1776 hasta el estallido de la Revolución vivía en sus fincas con el duque de Brissac, su nuevo protector. 

Muerte
Al estallar la Revolución Francesa, Brissac fue capturado durante una visita a París y fue brutalmente asesinado. En 1789 cuida, indistintamente, a los heridos republicanos y monárquicos, tras los primeros motines de la revolución. A este respecto, recibe una carta de su reina, María Antonieta, agradeciéndole los cuidados prestados a los partidarios de la monarquía. Su pasado, a los ojos de los republicanos, la hace sospechosa, pero ella aprueba, públicamente, los cambios políticos aunque no se sabe muy bien si lo hace sinceramente o porque está preocupada por el rumbo que toman los acontecimientos. En 1792 ella hizo varios viajes a Londres, probablemente para dar ayuda financiera a los emigrados franceses. Sin embargo, durante su estancia en Londres, al conocer la muerte de Luis XVI, se viste de luto riguroso, según aseguran los espías republicanos.

Su fortuna y sus supuestas alianzas con los emigrados, así como su antigua condición de amante del rey, hacen de ella un objetivo para los revolucionarios. Enseguida, el Tribunal Revolucionario de París la encuentra culpable de traición y es condenada a muerte.

Fue guillotinada el 8 de diciembre de 1793 en la Plaza de la Revolución. Con el ánimo de obtener su gracia, le explica al verdugo dónde se encuentran las joyas que le quedan, numerosos diamantes y huevos de oro. Sus últimas palabras dirigidas al verdugo fueron:

"Encore un moment, monsieur le bourreau, encore un moment" (Un momento más, señor verdugo, un momento más)



Fuente: 
www.cecilgoitia.com.ar/
Historia y Vida, número 512 - María Pilar Queralt del Hierro

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