lunes, 28 de enero de 2013

Catherine Howard, la rosa sin espinas (parte 2 y última)


Por mucho tiempo pensamos que la mujer de este retrato era Catalina Howard. Una rotulación equivocada ha tenido como consecuencia que el retrato de otra dama se asocie con Catalina Howard; de hecho ese cuadro, en sus varias versiones, probablemente represente a Elizabeth Seymour, hermana de Jane Seymour e hija política de Cromwell. La dama del retrato tiene un aire de familia con la reina Jane, en especial por la nariz y el mentón.


Los hijos del rey

 Enrique VIII, sus tres hijos y el bufón Sommers (el rey, Sommers, Eduardo, María y Elizabeth)

Con María, la mayor y la más difícil, tuvo un comienzo incómodo. María, que era por lo menos cuatro años mayor que su nueva madrastra, había fallado (según Chapuys) "para tratarla con el mismo respeto que sus dos predecesoras". Catalina, en venganza, recorto su establecimiento de criadas. Sin embargo, una escarmentado María, informo Chapuys, había "encontrado el medio para conciliarse con ella y piensa que sus doncellas se mantendrán".

Aunque la grave María y Catalina, amante de los placeres, eran muy diferentes en carácter, trataban de convertirse en verdaderas amigas. Sin embargo, ellas fueron capaces de cooperar para lograr el gesto más importante de la solidaridad familiar desde el divorcio de Catalina de Aragón.
Chapuys informo el 17 de mayo que el rey y la reina habían visitado al príncipe en Waltham Holy Cross en Essex, a petición de María. Chapuys continuo informado que el rey le había concedido permiso a María para residir en la corte, lo cual fue tolerado por la reina de buen grado. 

Naturalmente, la narrativa del embajador omite a Elizabeth. Pero Catalina se aseguró de que ella también tuviera algún tipo de participación en la reunión familiar. 

Peligro
Pero la naturaleza buena e indiscriminada de Catalina tuvo otras consecuencias menos deseables. Catalina podía ser indiferente a la más amplia agenda política de los Howard. Pero ella sentía una fuerte lealtad a quienes la habían criado. Ella estaba también deseosa de hacer lo que pudiera por sus antiguos compañeros en la casa de la duquesa.

Katherine Tilney, que había compartido el mismo dormitorio con Catalina en Horsham, se convirtió en dama de la reina.

Sin embargo, las señales de advertencia sobre el apresurado matrimonio real ya habían comenzado. La relación de Catalina con Dereham nunca había sido mantenida en secreto, aunque tal vez Enrique no se diera cuenta. Sus cortesanos murmuraban acerca del pasado de la reina. Y ella incluso, en agosto de 1541, le dio un puesto en su casa a Francis Dereham como secretario, que acababa de regresar algún tiempo antes de Irlanda y ahora se encontraba en Londres.

Ahora, el peligro acechaba a Catalina, una joven inexperta e ignorante de las intrigas de la corte...


Romance con Culpeper y caída


Escena de la detención de Catalina Howard, pelicula "Enrique VIII y sus seis esposas"

En la primavera de 1541, el rey cayó bajo una grave fiebre. Se cree que fue en esta época cuando Catalina comenzó su romance con Culpeper, un apuesto joven al servicio del rey, y como prueba, sólo tenemos que leer su única carta única sobreviviente, escrita a Culpeper en abril de 1541. 


Master Culpeper,

Os ruego- le decía- que me enviéis a decir cómo os encontráis.
Me dijeron que estabais enfermo, y jamás he deseado cosa alguna tanto como veros.
Mi corazón muere sólo de pensar que no puede permanecer para siempre en vuestra compañía.
Venid cuando esté aquí Lady Rochford, pues así me será más fácil estar a vuestras órdenes.
Os agradezco que hayáis prometido ayudar a ese pobre, mi criado, ya que, si él se marchare, no me atrevería a enviaros recado con ningún otro.
Os ruego le deis un caballo, pues yo no he podido conseguir uno para él; por lo tanto, mandadme uno para él; y con esto me despido, esperando veros de aquí a poco.
Ojalá estuviera yo ahora con vos, para que vierais el trabajo que me cuesta escribiros.
Vuestra mientras dure la vida,
Catalina

Olvidaba deciros una cosa, y es que habléis a mi criado y le mandéis que se quede aquí, pues dice que hará lo que vos le ordenéis.

Carta de Catalina a Culpeper

Cuando el rey se recuperó, llevo a Catalina consigo en un progreso real a través del norte de Inglaterra y de nuevo el embajador francés informó de los rumores de su embarazo. Se sugirió incluso que, si su condición era confirmada, Catalina sería coronada en la catedral de York.  

No conocemos la verdadera naturaleza de los sentimientos de Culpeper. Uno de los pocos datos que conocemos sobre el no es muy agradable. El había violado brutalmente a una mujer mientras tres de sus siervos la sujetaban durante el ataque, aparte de asesinar a un campesino que intentó ayudarla.  
Pero había varios en la corte que sabían de la relación, y ya no quisieron callar. Cuando el progreso del norte terminó el 1 de noviembre, la pareja real se estableció en Hampton Court, donde las indiscreciones del pasado y del presente de Catalina se encontraron con ella. 

Indiscreciones 
El Día de Todos los Santos fue uno de los días en el cual el rey tomó la comunión públicamente en la Capilla Real. Allí, en Hampton Court, Enrique ofreció sus oraciones de agradecimiento por su recién descubierta felicidad marital con Catalina. También ordenó al obispo Longland de Lincoln, su confesor, "hacer la oración y dar gracias con él".

El día siguiente, sin embargo, la capilla fue testigo de una escena muy diferente. Enrique asistió a la misa del Día de los Difuntos. Pero en su asiento se encontró una carta. La abrió y la leyó. La carta afirmaba, que durante el tiempo de Catalina en casa de la duquesa, Francis Dereham se había metido en la cama con ella en su jubón y calzas. Y que Henry Manox también conocía una marca privada en el cuerpo de Catalina. 

El conocimiento de las relaciones de Catalina con Manox y Dereham eran un secreto a voces en la Casa de la duquesa. Pero las acusaciones de esta carta fue mucho más lejos que cualquier otra cosa.
La fuente de esta información era Mary Hall née Lascelles, quien había sido una mujer que sirvió a la duquesa al mismo tiempo que Catalina. Ella había hablado con su hermano, John Lascelles, y Lascellles, a su vez, había hablado con Cranmer. Lascelles afirmó que la información había surgido inocentemente. Pero el hecho de que él fue quemado como hereje después sugiere fuertemente que él tenía un motivo para la denuncia de la reina Howard. 


Por orden del rey, los soldados de su guardia acudieron a arrestarla. Se cuenta que al verlos, Catalina advirtió su infortunio, logro eludirlos y salio corriendo por los corredores del palacio, en busca de su esposo para rogarle por su vida. Pero los guardias la alcanzaron antes de que llegara a donde estaba su marido. 
También se dice que cuando la encerraron en la torre del palacio de Hampton Court, ella intento escapar disfrazada de mucama, pero que su distinguida forma de caminar la delato ante los soldados.  


Condena
Cranmer tuvo la desagradable tarea de interrogar a la aterrorizada chica. Estaba histérica, convencida de que iba a ser ejecutada al igual que su prima, incluso el arzobispo sentía lástima por su condición. Quizás, sugirió una opción para Enrique VIII que había propuesto por primera vez a Ana Bolena - que Catalina admitiera sus pecados y su matrimonio sería anulado. El precontrato Dereham fue la excusa perfecta. Catalina sólo necesitaba admitir la existencia de dicho precontrato y su vida estaría a salvo. Era la "más amable misericordia" del rey, y su única oportunidad posible para sobrevivir.

Pero Catalina, asustada y sin ningún consejo, no se dio cuenta de que el precontrato le salvaría la vida. En cambio, ella estaba convencida de que sería utilizado para condenarla. 

Mientras tanto, el 5 de noviembre, el mismo Manox estaba siendo interrogado en Lambeth por Wriothesley. Al ser interrogado fríamente por el Secretario, el profesor de música se contrajo a una historia más compleja y creíble. Catalina, como hemos visto, le había negado el coito completo. Manox lo aceptó, pero pidió una muestra de su afecto. "Sin embargo", le dijo a ella, "déjame sentir tu secreto (lo nombra claramente) y luego voy a pensar que en realidad me amas". "Estoy contenta", dijo Catalina: "de manera que usted no desea más que eso."


Pero Dereham, a quien Wriothesley había interrogado más tarde, no podía ofrecer dicha defensa. "Él ha tenido conocimiento carnal con la Reina", admitió, "acostado en la cama con ella en su jubón y calzas diversas veces y seis o siete en la cama desnudo con ella".
Otras damas del Hogar de la duquesa, que fueron interrogadas posteriormente, agregaron al testimonio de Dereham detalles lascivos.
Dos galanes, Dereham y Edward Waldegrave, un caballero que atendía a la duquesa, hallaron el modo de visitar secretamente de noche a Catalina y a otra muchacha, Joan Bulmer. Dereham y Waldegrave se acostaban en las camas de las muchachas durante las horas de la noche hasta el amanecer; en cuanto a lo que sucedía entonces, hay relatos de cómo Catalina y Dereham solían "besarse y unirse por el vientre como si fueran dos gorriones" y ciertos "bufidos y resoplidos" que se oían en la oscuridad y que denotaban sexo para quienes los oían. Se intercambiaban prendas de amor: regalos de raso y terciopelo de Dereham, una banda para el brazo de él de Catalina, y un nudo frailero bordado. 


El 22 de diciembre, fue el turno de la duquesa, Lord William, la condesa de Bridgewater y las mujeres del hogar de la Duquesa. Fueron juzgados por "encubrimiento de traición a la patria", por ocultar y encubrir los delitos de Catalina y fueron condenados a prisión a voluntad del Rey y el decomiso de bienes.


Thomas Howard, tercer duque de Norfolk

El rumor era que Norfolk compartiría el mismo destino que sus parientes. Pero el 12 de diciembre, escribió una carta muy sentida a Enrique. Él se distancio de sus malogrados familiares. Y denunció "los actos más abominables realizados por dos de mis sobrinas", la reina Ana y la reina Catalina.
La carta resultó excusa suficiente. Norfolk fue restaurado rápidamente en el favor real e incluso los condenados miembros de su familia fueron indultados. 

Enrique era implacable sólo contra Catalina y Lady Rochford. Esta última había participado preparando encuentro entre la reina y Culpeper. Ellas fueron condenadas por una ley de proscripción. El proyecto de ley fue presentado el 21 de enero 1542 y fueron completadas todas las etapas parlamentarias tres semanas después. Las cláusulas principales de la ley son flagrantemente retrospectivas. Si alguna mujer de vida ligera se atreve a casarse con el rey, sin una declaración de su impúdica vida al rey, sería traición. Y el fracaso por parte de los testigos a revelar esos delitos fue encubrimiento de traición. Finalmente, Catalina y Lady Rochford fueron declaradas culpables de alta traición. 

Durante todo este tiempo, Catalina había sido confinada en Syon House.
 El 10 de diciembre de 1451, Dereham había pagado una pena terrible por sus "crímenes", fue colgado, arrastrado, y descuartizado (destripado y castrado mientras todavía estaba consciente) como un traidor. Culpeper también fue ejecutado ese mismo día, a pesar de que sufrió una decapitación más misericordiosa, la cual fue ordenada por el rey, tal vez debido al rango más alto de Culpeper y a su servicio personal en su hogar. También puede deberse debido a un vestigio de afecto por él. Como le escribió Marillac al rey Francisco, Thomas Culpeper se había criado en la cámara del rey inglés desde la infancia "y corrientemente compartía su cama" ("al parecer, también había querido compartir la cama de la reina" agregaba el francés con ironía).

Ejecución 
El Viernes, 10 de febrero de 1542, el duque de Suffolk llegó para conducir a Catalina a la Torre de Londres. El frenesí histérico regresó, ella luchó y tuvo que ser forzada a subirse a la barcaza. Iba vestida con terciopelo negro y fue alojada en los apartamentos de la Reina, aunque ya no era reina. 

Catalina Howard en el patíbulo, pelicula "Enrique VIII y sus seis esposas"

Chapuys cuenta que Catalina no sólo estaba preparada para su muerte, que incluso pasó por una especie de ensayo general para asegurarse de que las cosas fueran bien. Más tarde en la noche del domingo, informó el embajador, "ella pidió ver el bloque, fingiendo que quería saber cómo iba a colocar su cabeza sobre ella".  Iba a ser su último acto en un gran escenario, y quería morir con toda la dignidad y compostura posible.

Alrededor de las siete del lunes 13 de febrero, varios concejales llegaron como escolta. Su tío Norfolk no estaba entre ellos. Catalina estaba débil y asustada y tuvo que ser ayudada a subir los escalones hasta el patíbulo. Pero una vez allí, hizo un discurso pequeño y tranquilo con respecto a su "digno y justo castigo", rezaba por la preservación del rey y el perdón de Dios. La ejecución real fue más rápida. El cuerpo de Catalina fue enterrado en la capilla cerca de San Pedro ad Vincula. 


El reinado de Catalina fue corto, y probablemente intrascendente. Sin embargo, Catalina solo era una niña ignorante de las intrigas que habitan en la corte. Fue enterrada cerca de su desdichada prima, Ana Bolena, ambas habían tenido el mismo trágico destino. Sin duda, Catalina no merecía ser un títere de las ambiciones de su familia, ni ligarse con un monarca que desechaba y decapitaba a sus mujeres, ni sufrir una muerte como la que tuvo. 


Bibliografia 
Starkey, David: Six Wives, Harper, New York, 2004. 

Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.

domingo, 27 de enero de 2013

Catalina Howard, la rosa sin espinas (parte 1)


Catalina Howard era la hija menor del hijo del 2do duque de Norfolk, Edmund Howard y de su esposa, Joyce Culpeper. Sus padres estaban empobrecidos, a pesar del ilustre apellido que poseían. Su fecha exacta de nacimiento se desconoce, pero la mayoría de los historiadores creen que fue en 1521. Perteneció a la poderosa familia Howard e incluso fue prima de la segunda esposa de Enrique VIII, Ana Bolena (la madre de Ana y el padre de Catalina fueron hermanos). Pero si las dos muchachas compartían la mitad de su sangre, sus respectivos antecedentes eran muy distintos. Comparado con el muy trabajador y ambicioso Thomas Bolena, consciente de que había que abrirse camino en la corte, lord Edmund Howard era bastante débil y perezoso. 


Cuando Catalina tenía diez o doce años, fue enviada a vivir en el hogar de la madrastra de Edmund Howard, Agnes, duquesa de Norfolk, en Chesworth, cerca de Horsham y Lambeth. La madre de Catalina ya había muerto y lord Edmund procedió a casarse dos veces más, en ambas ocasiones con dos viudas, Dorothy Troyes y Margaret Jennings.

Vida en casa de la duquesa viuda
Agnes Howard née Tilney fue la segunda esposa y viuda del segundo duque de Norfolk. Como duquesa viuda, ella era la mujer de más alto rango en Inglaterra, fuera de la familia real. Sin duda, la duquesa había sido una figura destacada en la corte durante los últimos cuarenta años. Por ejemplo, había atendido a Catalina de Aragón en su noche de bodas con el príncipe Arturo, en 1501; fue una de las madrinas de la princesa María en 1516; llevo la cola de la nieta de su esposo, la reina Ana Bolena, en su coronación y, pocos meses más tarde, actuó una vez más como madrina de la princesa Isabel. Sus residencias principales eran: Horsham en Sussex, o Lambeth en la orilla sur del Támesis, frente al nuevo palacio de Whitehall del Rey. Posteriormente, los buitres que se cernían alrededor de los huesos de la reputación de Catalina Howard sugerirían que la duquesa Agnes había regentado algo que se acercaba mucho a un prostíbulo de lujo, pero la comparación adecuada era con una escuela de clase alta donde algunas prosperaban tranquilamente y otras, con más osadía, miraban a su alrededor para explotar sus oportunidades. Pero por supuesto, la comparación con una gran escuela vuelve a surgir cuando se considera el tamaño enorme de la casa de la duquesa y los escándalos que podían producirse en consecuencia.


Agnes Tilney, duquesa viuda de Norfolk

Cuando Catalina se unió a la casa de su abuelastra, ella fue colocada en la cámara de las doncellas. Este fue un dormitorio largo, en el que los internos, generalmente dormían dos en una cama. Allí, Catalina se encontró entre las jóvenes solteras de cuna noble. Ellos estaban conectados por lazos de sangre o matrimonio a los Howards o de otras familias que se habían enganchado al clan ducal.


El dormitorio de las doncellas en casa de la duquesa, escena de Las Seis Esposas de Enrique VIII (Keith Michell como el rey Enrique)

Al igual que la propia Catalina, estaban ahí para completar su educación. Un maestro de música fue empleada y la duquesa tenía secretarios y secretarias que pudieran enseñarles a leer y escribir. También en el hogar había muchos jóvenes caballeros que estaban deseosos de enseñar a las doncellas otras cosas. 
El hogar de la duquesa, en fin, tenía algo de la atmósfera de un internado mixto que funcionaba flojamente. La duquesa era imperiosa pero ineficaz, los chicos pasaban su tiempo tratando de entrar en el dormitorio de las chicas y hubo una confraternización excesiva entre las alumnos y el personal.

Henry Manox, el primer romance
El primer romance de Catalina tuvo lugar mientras aún estaba en el campo, en la casa Chesworth de la duquesa, cerca de Horsham, en Sussex. Un vecino que se llamaba Henry Manox fue contratado para enseñar música en 1536. El osado joven intento seducir a la muchacha de quince años entre las lecciones de clavicordio y laúd, aunque si debemos creer la posterior confesión de Catalina acerca de su admirador, no hubo sexo completo: "Ante las bellas y halagadoras persuasiones de Manox, cuando era una muchacha joven, permití que varias veces manipulara y tocara las partes secretas de mi cuerpo que no convenía a mi honestidad permitir ni a él requerir".
Manox siguió a Catalina a Londres, y a la casa de la duquesa en Lambeth. Nadie parece haber tomado demasiado en serio esa conducta entre los jóvenes: el problema no era la moralidad de Manox sino que un mero maestro de música no era el partido adecuado para Catalina, sobrina del duque. 

Francis Dereham
El siguiente romance de Catalina, con Francis Dereham, un caballero pensionista en la casa de Lambeth de la duquesa, fue mucho más serio. Hay motivos sobrados para suponer que, a diferencia de su relación con Manox, ésta se consumó plenamente. Como tenían la costumbre de llamarse "esposa" y "marido", cabe sugerir que Catalina y Francis Dereham tenían en realidad un precontrato mutuo y que sus votos privados habían sido reforzados por la plena unión sexual. 

En teoría, la cámara de la doncella estaba fuera de límites a todos los hombres. Y, para hacer cumplir la norma, la duquesa haría que todas las noches le fueran llevadas a su cámara las llaves de la cámara de las doncellas. Pero Catalina vio rápidamente una solución al problema y soborno a la criada de la duquesa, Mary Lascelles, para robar la llave y llevársela a ella. La puerta estaba cerrada con llave y Dereham y otros caballeros favorecidos fueron admitidos a gozar de los placeres que había dentro.


Manox observo amargamente, que comúnmente ellos hacían banquetes y eran felices allí hasta las dos o tres de la mañana. 
Celoso, enojado y frustrado, Manox decidió informar a la duquesa de estos festines de medianoche por una carta anónima. La duquesa descubrió a Catalina y a Francis juntos, por lo que hubo una escena espantosa. 
Catalina estaba decidida a llegar al fondo de la trama en su contra. Empleando sus habilidades ya desarrolladas en el hurto, se robó la carta del cofre dorado de la duquesa y se la mostró a Dereham, el cual la copió y acto seguido la puso en el cofre de nuevo. Dereham inmediatamente adivinó la autoría de la carta y abordo a Manox, llamándolo "Bribón" y diciendo que "él no amaba a Catalina".

Su relación continuó durante todo 1538. Pero Dereham, si bien de mejor cuna que Mannox, no era un gran partido, y Catalina parece haberse enfriado durante la estancia de él en Irlanda, en especial cuando ella se trasladó más cerca de la corte, a casa de su tío Norfolk, y aún más cuando conoció al galante Thomas Culpeper en la cámara privada del rey. Se sospecha que se enamoro de verdad  en el otoño de 1539.

Dama de la corte


Catalina Howard ya era una mujer con un pasado cuando, a finales de 1539 y en previsión del futuro matrimonio de Enrique, fue nombrada doncella de la reina Ana de Cleves. Según sus propias palabras, había aprendido "cómo las mujeres podían mezclarse con un hombre y sin embargo no concebir ningún hijo a menos que lo quieran". 

Catalina llegó a la corte como un pato al agua. Whitehall y Greenwich, después de todo, eran sólo Horsham y Lambeth en grande. Tanto en el hogar de la duquesa como en la corte podía encontrar jóvenes apuestos. Allí estaban los mismos peces para capturar, sólo que más grandes.  

El nombre de Catalina pronto se vinculó con una de las propiedades más ardientes de la Corte. Thomas Culpeper, un caballero de la Cámara Privada y pariente suyo por parte de la madre de Catalina, Joyce Culpeper. Él era un chico guapo y un favorito de los hombres y mujeres por igual. Al parecer, disfrutaba del acceso personal al rey y tenía una cola de admiradoras. Pero con Catalina, al parecer, era diferente. Ella era su equivalente femenino, hubo una atracción poderosa entre ellos. Al poco tiempo, según se rumoreaba, se casarían. 
Mientras tanto, Catalina había conseguido un mayor captura (de hecho la más grande de todas).

Romance real


Cuando la primavera se convirtió en verano, la estrella ascendente no era la de Cromwell sino la de la joven que había llegado a la corte para servir a la reina Ana: Catalina Howard.

Aún cuando Catalina Howard no hubiese sido una gran belleza, debió haber tenido bastante gracia y atractivo físico, ya que sabemos que cautivó inmediatamente al rey. Como afirmaría luego la esposa de su abuelo, Agnes, duquesa de Norfolk: "Su Alteza el rey se interesó por Catalina Howard la primera vez que la vio". Pudo haber sido en un banquete ofrecido por el obispo Stephen Gardiner, de la facción de Norfolk por su conservadurismo religioso; de todos modos, se decía que Gardiner "muy a menudo brindaba fiestas y recepciones" al rey y a su nueva amante a partir de entonces, mientras que los ciudadanos de Londres se acostumbraban a ver al rey cruzando el Támesis en barco para visitarla, a veces tan tarde como a medianoche.


Catalina Howard y Enrique VIII, pelicula "Enrique VIII y sus seis esposas"


Es fácil leer los motivos de Enrique. Físicamente repelido por Ana de Cleves, y humillado por su fracaso sexual con ella, buscó y encontró consuelo en Catalina. También podemos adivinar que el sexo, que había sido imposible con Ana, era fácil con ella. Y era fácil porque ella lo hizo fácil. 
En cambio, Enrique lo atribuía todo al amor y su propia juventud recuperada.
En cambio, la duque Agnes indicaba a Catalina "cómo comportarse con el rey" como una vez los Seymour y sir Nicholas Carew habían preparado a Jane Seymour. Creció la pasión real. La primera señal de los sentimientos del rey fue la concesión de tierras, confiscadas a un felón, a la señorita Howard el 24 de abril. En mayo, recibió veintitrés regalos de tela de seda acolchada, pagados por el rey. En algún punto por esa época, tal vez a mediados de abril, el rey le hizo el amor plenamente a su enamorada. En Pascua (ese año a fines de marzo), aún se lamentaba de su situación con la reina Ana. Pero pasado Pentecostés —a mediados de mayo— eso cambió. El rey sintió la urgente necesidad de librarse de la reina Ana, y la razón fue seguramente que, como la relación se había consumado, existía la posibilidad —al menos él lo creía— de que la señorita Howard estuviera embarazada (el rumor en el sentido de que ella estaba "ya enceinte" fue repetido por el embajador francés Charles de Marillac en julio). 

Apariencia y personalidad

En septiembre de 1540, el embajador frances Marillac visitó la Corte, probablemente en Grafton, y tuvo la oportunidad de formar su propia opinión sobre Catalina. Él pensaba que era elegante, en lugar de la gran belleza que había sido inducido a esperar.

Ella y sus damas se vistieron a la moda francesa. Y Catalina había elegido como su lema "No tengo otra voluntad más que la suya". Ahora, esto no puede ser más que Catalina estaba haciendo lo que era natural. Por otro lado, podría ser interpretado como una ingeniosa combinación de dos de las técnicas más exitosas de sus predecesoras: el despliegue del comportamiento y la seductora moda francesa de Ana Bolena y la sumisión cuidadosamente calculada de Jane Seymour. Enrique fue más demostrativo en el amor con Catalina que con cualquier esposa anterior. 

Y estas mismas joyas, minuciosamente descritas, aparecen en la miniatura de la Reina hecha por Holbein. Hay una disputa en cuanto si la dama de la miniatura en realidad es Catalina. Pero la identificación de las joyas resuelve la cuestión de una vez, así que el pelo castaño, la piel pálida, los ojos oscuros y la expresión burlona pertenecen a Catalina Howard. 




A pesar de su creciente corpulencia, el rey evidentemente había abandonado su deseo de "una esposa grande", porque Catalina no sólo era pequeña, como había sido Catalina de Aragón, sino diminuta: parvissima puella, una muchacha realmente pequeña. El rey Enrique tenía unos treinta años más que Catalina y unos treinta centímetros más de altura. No necesitamos especular más acerca de sus pesos respectivos. El embajador francés calificaba la belleza de ella sólo como mediana (la misma expresión que había empleado para Ana de Cleves), pero elogiaba su gracia y encontraba muy dulce su expresión; su costumbre de vestirse á la française (a diferencia de las modas germánicas de Ana de Cleves) debían resultarle elogiable a él. 


Miniatura de Catalina Howard hecha por Holbein

En cuanto a la personalidad de Catalina, se sabe que era una joven alegre, coqueta y encantadora. Había sido criada en la fe católica  aunque no tuviera la misma devoción que sus predecesoras, como Catalina de Aragón la cual era una fiel papista o Jane Seymour que se opuso a la disolución de los monasterios. Tampoco era intelectual, pero no era analfabeta como se ha llegado a sugerir. Sabía escribir, leer, bordar y tocar música. Pero no poseía la erudición de Catalina de Aragón, la sofisticación de Ana Bolena o el intelecto de Catalina Parr. Al igual que Ana Bolena, era adepta a la moda francesa. Se podría deducir que era mundana. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que el ambiente en el que se crió no era el más favorable. 

El 12 de julio, Joan Bulmer, que había compartido los retozos nocturnos de Catalina en Lambeth, despachó una carta afirmando haberse enterado del gran destino de su amiga y le preguntaba si por favor quería enviarla a ella a la corte. En apariencia era una carta típica, con la clase de petición que toda futura señora de una casa real podía recibir. 

Reina de Inglaterra



Enrique se casó con Catalina, el 28 de julio 1540 en Oatlands Palace en Surrey. Era un palacio con un foso de dimensiones medianas que el rey había adquirido en 1537, y los apartamentos de la reina habían sido decorados para una mujer que no vivió para ocuparlos: Jane Seymour. La ceremonia fue un éxito, aunque carente del habitual esplendor y exhibición de los sindicatos reales.
 "La nueva reina", Marillac informó a su gobierno en noviembre ", ha adquirido completamente la gracia del rey y la otra {Ana} no es más hablado de que si estuviera muerta".

La exageración del embajador es perdonable. Sin embargo, Ana de Cleves estaba muy viva y su presencia fue como una especie de fantasma del pasado que sigue siendo una vergüenza para Enrique, para la propia Ana y, quizá, sobre todo, para Catalina. Porque, a pesar de su corto reinado, Ana se había vuelto muy popular. Como parte del acuerdo de divorcio, Enrique le había asegurado a Ana que sería bienvenida en la Corte. Pero, sabiamente, la oferta se amplió ni tuvo lugar para los primeros meses del nuevo matrimonio del rey. En el Año Nuevo de 1541, sin embargo, el hielo estaba roto. Cuenta Chapuys, que Ana toma la iniciativa. Pero también debe haber recibido permiso para que su visita fuera prevista en la Corte.

Ana comenzó enviando a Enrique un magnífico regalo de Año Nuevo que consistía en dos hermosos caballos enjaezados con terciopelo malva. Luego, el 3 de enero, se presentó en Hampton Court.
Hubo un retraso mientras el canciller Audley, quien, como sucesor de Cromwell como lord gran chambelán, fue jefe ceremonial de la Casa Real. Informó a la reina Catalina sobre la delicada cuestión de la etiqueta presentada por su reunión con el ex-reina Ana. No había precedentes y deben haber recurrido a una mezcla de sentido común y a la invención. Por último, Catalina estaba lista y Ana se presento ante la reina. Sólo unos meses antes, Catalina había sido una de las damas de Ana. Ella se arrodilló delante de ella y hablo con ella sólo cuando debía hablar.

"El Rey", informó Chapuys "entró en la habitación y, después de hacer una profunda reverencia a Lady Ana, la abrazó y la besó". Entonces los tres se sentaron a cenar en la misma mesa. "Durante toda la comida, mantenían "tan buen porte y semblante y parecían tan despreocupados como si no hubiera habido nada entre ellos".  La conversación siguió un rato después de la cena hasta que Enrique se retiró, dejando a las dos mujeres. Pasaron el tiempo en el baile: primero entre sí y luego con dos caballeros de la Casa del Rey.
Habrá sido la pareja de Catalina, su antiguo amor, Thomas Culpeper
Al día siguiente, el espectáculo de la "familia feliz" continuó con las conversaciones, la diversión y la alegría. Catalina dio como regalo un anillo y dos perros falderos a Ana, que, después de la cena el día 5, volvió a su propia casa en Richmond. 

Es importante recordar que las anteriores reinas inglesas de Enrique, Ana Bolena y Jane Seymour, habían pasado años en el servicio real antes de casarse con su rey. Eran veteranas de la corte inglesa y conocían las complejidades y los peligros de su posición. 


En la gran ventana este de la capilla del King´s College, Cambridge. Se pueden ver las iniciales H y K en la tracería, entre otros emblemas reales Tudor que proclaman la supremacía de la dinastía Tudor en el Estado y la Iglesia. Análogamente, en la ventana lateral, de aproximadamente el mismo período, se ha descubierto un deliberado retrato de Enrique VIII en la cara del rey Salomón, probablemente pintado por Galyon Hone. En cuyo caso, bien puede ser que la figura de la reina de Saba, vista de perfil, con su pequeña nariz y los labios llenos, sensuales y suplicantes, que entrega regalos a Salomón, represente a Catalina Howard. 



Detalle de la reina de Saba, que representa a Catalina Howard

Catalina era como una niña, apenas sabía leer y escribir. Pero para que la facción conservadora de la corte de Enrique, quienes se dedican a la restauración de la fe católica que se practica antes de la Reforma, fue su última y mejor esperanza. A diferencia de Ana Bolena, el éxito personal y político de Catalina no estaba ligado a la fe protestante. Había sido criada por la duquesa viuda de Norfolk (la cual era católica  y, a pesar de sus fallas personales, representó a la fe conservadora de los demás.


El inventario de joyas
El rey prodigaba su afecto a su joven esposa y le ofrecía caros y numerosos presentes. Una muchacha que había sido criada como miembro de una gran familia empobrecida, recibía ahora magníficas joyas, cuentas de oro con esmalte negro, esmeraldas engastadas en oro, broches, cruces, bolas olorosas, relojes, todo lo más espléndido en su honor. 
En el Año Nuevo de 1541, por ejemplo, pasado en Hampton Court, la reina Catalina recibió entre otros presentes "una prenda superior que contenía ocho diamantes y siete rubíes " y un collar de "seis finos diamantes planos y cinco rubíes muy bellos con perlas intercaladas"; una bufanda de terciopelo negro con cebellinas, que pendía de una cadena de treinta perlas, adornadas además con rubíes y perlas ensartadas en cadenas de oro. El cuenco de la abundancia al parecer no tenía fondo. 

Se le dio bellamente ornamentadas cajas de joyas para albergar su nueva colección y relojes de plata y oro para decorar sus habitaciones. Catalina recibió una sarta de perlas en Navidad, una gargantilla de oro con sus iniciales grabadas en diamantes y cuatro collares de diamantes. Una de las favoritas de la reina de su colección era un pesado broche de oro que su marido le regaló con motivo de la festividad de Todos los Santos, con escenas de la vida de Noé. 

El séquito de la reina

Grandes damas:

  • Lady Margaret Douglas
  • Mary Howard, duquesa de Richmond
  • Duquesa de Norfolk [incorrectamente identificado por Strickland como Katherine Willoughby, que era la duquesa de Suffolk, en realidad era Agnes Tylney, la abuela de la reina]
  • Margaret Arundell, condesa de Sussex
  • Margaret Gamage, Lady Howard
  • Ursula Stourton, Lady Clinton



Damas de la Cámara Privada:
*Eleanor Paston, condesa de Rutland
*Jane Parker, Lady Rochford
*Isabel Legh, Lady Baynton
*Catherine St. John, Lady Edgecumbe


Gentlewomen of the Privy Chamber:
*Anne Parr, Mrs. Herbert
*Elizabeth Oxenbridge, Mrs. Tyrwhitt
Mrs Leye [Lee? Legh?]
*Susanna Hornebolt, Mrs. Gilmyn


Chamberers
*Katherine Tylney
*Margaret Morton
*Mrs. Fryswith
*Mrs. Luffkyn (*Maude Luffkyn)
[later: *Joan Acworth
*Alice Wilkes Restwold]


Ladies and gentlewomen attendant

  • Jane Guildford, Lady Dudley
  • Margaret Howard, Lady Arundell
  • Joan Champernowne, Lady Denny
  • Jane Cheney, Lady Wriothesley
  • Katherine Skipwith, Lady Heneage
  • Lady Knyvett (probably *Anne Shelton)
  • Elizabeth Seymour, Lady Cromwell
  • Jane Ashley, Mrs. Mewtas
  • Mrs. Broughton




Damas de honor

  • Lady Lucy Somerset
  • Mrs. Anne Bassett
  • Mrs. Garnyshe [Garneys?]
  • Mrs. Cowpledike [*Margaret Copledike?]
  • Mrs. Catherine Stradling
  • [Margaret (or Anne) Foliot
  • Elizabeth Fitzgerald?
  • Mary Norris



Bibliografia 
  • Starkey David: Six Wives, Harper, New York, 2004. 
  • Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.


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lunes, 21 de enero de 2013

Ana de Cleves (Parte 2)

Un matrimonio destinado al fracaso
La boda debería haber tenido lugar el día siguiente, el domingo 4 de enero de 1540. Se pospuso, ya que Enrique buscaba desesperadamente una salida. En primer lugar, ordenó a Cromwell para convocar al Consejo para ver si era posible, incluso a estas alturas, para encontrar un pretexto legal para romper el matrimonio.



Inmediatamente, el Consejo fijó sobre la cuestión del posible precontrato entre Ana y el hijo del duque de Lorena, que Enrique había despedido tan a la ligera unos meses antes. Los embajadores de Cleves, encabezados por Olisleger, fueron convocados para aclarar el asunto. Naturalmente, en vista de la actitud anterior de Enrique, no estaban preparados y no habían llevado nada de la documentación necesaria.

Pero solemnemente aseguraron al Consejo que el compromiso con el hijo del duque Lorena nunca había ido más allá, lo que podría ser, y ha sido, propiamente roto. También se ofrecieron a permanecer como rehenes en Inglaterra hasta que la documentación para probar esto se haya producido.

Esta era una respuesta que hubiera satisfecho a cualquier hombre razonable. Pero Enrique no estaba de humor razonable.

Acorralado por fin, Enrique reconoce que tenía que seguir adelante con la ceremonia, que es reorganizada para las 8 de la mañana del martes 6 de enero, el día de la Epifanía. Pero él asintió con la peor gracia posible. "Mi Dios, si no fuera para satisfacer al mundo y a mi reino," le dijo a Cromwell antes de la ceremonia: "por nada haría lo que debo hacer hoy".

La nueva reina vestida con tela de plata "cargada" de joyas y con el pelo suelto para indicar su soltería rematado por una corona de perlas y piedras preciosas entrelazadas con romero, símbolo tradicional de amor y fidelidad en el matrimonio. Cuando miro a Enrique, cuyo vestido de paño de oro también estaba bordado con flores de plata, hizo tres reverencias. Luego entraron al "gabinete de la reina", donde fueron casados por Cranmer. Enrique pronunció el "si" y el anillo de bodas, grabado con las palabras: "GOD SEND ME WELL TO KEEP" ("Dios me envió para cumplir el bien"), fue introducido en el dedo de Ana. 
Ahora eran marido y mujer.

Reina de Inglaterra



La cabecera de la cama del matrimonio real estaba fechada en 1539 y estaba decorada con la cifra real "HA" y dos figuras lascivas que hacen guardia sobre los durmientes a cada lado. La de la izquierda muestra a un varón querubín con una erección enorme, y el de la derecha, una mujer querubín con la barriga bien inflamada. 
Pero, por desgracia, las figuras humanas inferiores parecen haber sido menos activas.

A la mañana siguiente, Cromwell llegó a la Cámara Privada. Vio de inmediato que el rey estaba de mal humor. Sin embargo, perseveró y le preguntó si le gustaba la reina. El rey respondió "Antes no me gustaba mucho, pero ahora me gusta mucho menos".

Naturalemente, se apresuró a culpar a la dama antes que a sí mismo. El cuerpo de ella, no su belleza, era ahora la cuestión. Por ejemplo, le dijo a sir Anthony Denny, miembro de su cámara privada, que su esposa no sólo no era "como se le había informado, sino que tenía pechos tan flojos y otras partes del cuerpo de tal manera que {él} sospechaba algo acerca de su virginidad". El veredicto del rey fue éste: "Nunca en compañía de ella podría ser provocado y movido a conocerla carnalmente". Cromwell recibió el mismo mensaje y el rey lo comunicó personalmente a dos de sus doctores, el doctor Chamber y el doctor Butts: "El cuerpo de ella {estaba} de tal manera desordenado e indispuesto" que no podía "excitar y provocar ningún anhelo en él". En suma, le causaba una "repugnancia" que no podía superar. El doctor Butts recibió otros detalles de "la flojedad de los senos y la blandura de la carne". Hubo otros testimonios, pero todos redundaban en lo mismo: el rey no pudo consumar su matrimonio.

De hecho, hasta que ella aprendió un poco de ingles, le resultaba difícil decir nada en absoluto. Pero, como predijo Wotton, demostró ser una principiante rápida y, pocos meses después de su matrimonio, tuvo un intercambio franco con sus damas.

Esto fue demasiado para Lady Rochford, la viuda de George Bolena, quien parece haber aprendido muy poco de la suerte de su difunto esposo. "Por Nuestra Señora", dijo, "Creo que Su Gracia es una doncella todavía en efecto". "¿Cómo puedo ser una doncella", respondió la reina ", y dormir cada noche con el Rey?" "Tiene que haber más que eso", dijo Lady Rochford, con una franqueza insolente.


Ana de Cleves conversando con su dama, documental de David Starkey

 Ella le dijo a sus damas, "Cuando él {el rey} viene a la cama, me besa y me toma de la mano y me dice "buenas noches, querida" —declaro Ana— y de mañana me besa y me dice "adiós, querida. ¿No es eso suficiente?", inquirió ella con inocencia. 

Su dama, Eleanor Paston, condesa de Rutland , repuso con firmeza "Señora, debe haber más, o pasará mucho tiempo antes de que tengamos un duque de York, que es lo que más desea este reino". También preguntó si la reina no había discutido esos asuntos delicados con la madre Lowe, "la madre de las doncellas" germánicas. "El matrimonio, oh, oh, qué vergüenza, Dios no lo permita", exclamó la escandalizada reina Ana. 
Tal ignorancia no era una condición universal. Por el contrario, la mayoría de las muchachas crecían con un conocimiento bueno y saludable de esas cosas, impartido con lenguaje bastante franco. Además, en general se consideraba el deber de una madre preparar a la hija para lo que debía esperar la noche de bodas. Pero Ana de Cleves era diferente. Su proximidad al codo de la madre en Alemania le había negado una correcta educación mundana. Pero en Inglaterra, su ignorancia la protegió de una indebida mortificación personal. 

Unos meses habían pasado, la alianza franco-Imperial mostró signos de enfriamiento y la natural audacia de Enrique había regresado. Quería salir de este cuarto matrimonio. 

La casa de la reina
En esos primeros días del nuevo matrimonio, al menos la corte estaba feliz con la restauración de la casa de la reina. A la reina Ana se le otorgo una casa de 126 personas, no mucho menos de lo que había tenido la reina Catalina de Aragón en 1509. La Madre Lowe era una dama alemana que había acompañado a Ana de Cleves. Y se estableció rápidamente en una posición preeminente en la Casa de la Reina. Se le permitió emplear a sus compatriotas, sin especificación, en ciertos puestos importantes: el doctor Cornelius, su doctor, era de Cleves, pues las necesidades ginecológicas dictaban esa delicadeza con las princesas extranjeras; luego estaban el maestro Schulenberg, su cocinero, y su lacayo Englebert.

Damas que se reunieron con Ana de Cleves en Dover:
  • La duquesa de Suffolk
  • Lady Cobham
  • Lady Hart
  • Lady Haulte
  • Lady Finche (probablemente * Katherine Gainsford, esposa de Sir William)
  • Lady Hales (esposa de Sir James?)
Great Ladies of the Household:
* Mary Arundell, condesa de Sussex
* Frances Brandon, marquesa de Dorset
* Lady Margaret Douglas
* Elizabeth Grey, Lady Audley
* Mary Howard, duquesa de Richmond
* Eleanor Paston, condesa de Rutland

Frances Brandon

Margaret Douglas


Privy Chamber:
* Jane Guildford, Lady Dudley
* Susanna Hornebolt, la señora Gilman
* Isabel Legh, Lady Baynton
* Jane Parker, Lady Rochford
* Catherine St. John, Lady Edgecumbe  


Gentlewomen in Attendance:
* Jane Ashley, Lady Mewtas
* Jane Cheney, Lady Wriothesley
* Jane Guildford, Lady Dudley
* Elizabeth Seymour, Lady Cromwell
* Catherine Skipwith, Lady Heneage

Damas de honor (6)
* Anne Bassett
* Dorothy Bray
* Catherine Carey
* Catherine Howard
* Mary Norris
* Ursula Stourton

Discordia 

En efecto, poco más de un mes después de la boda, la dureza de carácter de Ana comenzó a aparecer. La manzana de la discordia parece haber sido el tratamiento de la hija mayor de Enrique, María. María estaba ya completamente restaurada para congraciarse con su padre y las negociaciones matrimoniales estaban en su apogeo entre ella y el duque Felipe de Baviera. Durante la Cuaresma, que comenzó el 11 de febrero, Enrique tuvo algunas discusiones con Ana acerca de su hija. Si bien a la pía y católica lady María no le agradaba particularmente la religión luterana de su pretendiente, conversaba graciosamente con él en latín y en alemán por medio de un intérprete. El excitado embajador francés en realidad creía que se habían intercambiado besos en los jardines invernales del abad de Westminster; comentó que "ningún señor de este reino se ha atrevido a ir tan lejos" desde la muerte de Exeter, del que se suponía que planeaba casar a María con su hijo; eso ilustraba el peligro de conspiración, imaginaria o no, que implicaba casarse con la hija mayor del rey. Según su costumbre reciente, María dijo que se sometería a los deseos de su padre, cualquiera que fuese la religión de su pretendiente, de modo que, cuando el rey nombró al duque Felipe Caballero de la Jarretera y le presentó obsequios, pareció existir una clara posibilidad de un vínculo luterano con Inglaterra. Una vez más, era probable que eso causara un gratificante fastidio al emperador, al que tampoco le agradaría que se diera la mano de su prima en tal dirección.


María Tudor, la hija mayor del rey


Fue en mayo cuando también se formularon cuestionarios acerca de la naturaleza precisa de una fe individual con énfasis en la creencia en los sacramentos— en los que, como comentó el embajador francés, el rey, con su sombrero de teólogo, se interesó personalmente. A primera vista, fue esa nueva concentración en la herejía lo que permitió a Norfolk y a sus aliados tenderle una trampa al recién ennoblecido conde de Essex, Thomas Cromwell. El 10 de junio, el rey estaba aparentemente tan convencido de la falta de adecuada ortodoxia por parte de Cromwell —"herejía sacramental"— que ordenó el arresto del hombre más poderoso del reino (después de sí mismo), que lo había servido fielmente durante más de diez años. Marillac recibió un mensaje del rey en el sentido de que Cromwell había estado a punto de suprimir a "los antiguos predicadores" y promover "nuevas doctrinas" {luteranas} "incluso por las armas".
Thomas Cromwell

Durante el arresto se produjo una desagradable escena cuando los grandes aprovecharon la oportunidad para castigar al advenedizo que los había alejado tanto tiempo de lo que consideraban que eran sus correctas posiciones de poder. En particular, lo despojaron de los símbolos de la Orden de la Jarretera. El duque de Norfolk quitó la figura de san Jorge que pendía alrededor del cuello de Cromwell mientras el conde de Southampton le quitaba la jarretera de la rodilla.
 La caída de Cromwell fue causada por la prisa con la que había impulsado a Enrique VIII para que contrajera nupcias después de la muerte de Jane. El había empujado al rey al matrimonio con Ana de Cleves. Cromwell debía ser sentenciando a muerte en aplicación de la Ley de Proscripción, sin juicio previo. Irónicamente, era el nuevo método que el propio Cromwell había sugerido usar con Margaret, condesa de Salisbury, que aún seguía languideciendo en la Torre. Cromwell sería el primero en morir de esa manera por alta traición y herejía. La Ley de Proscripción incluía la acusación de que Cromwell había jurado casarse con la hija del rey, María, en 1538, y usurpar el trono, lo que sin duda debió dejar boquiabierto incluso a los cortesanos más leales. La ira del rey se volvió contra su antiguo amigo y Cromwell fue ejecutado el 28 de julio de 1540.

Anulación

A mediados de la década de 1530, Ana había sido brevemente comprometida con el hijo del duque de Lorena. Los ingleses no había explorado demasiado el tema, simplemente se aseguraron de que el gobierno de Cleves habían terminado con las negociaciones.  De repente se descubrió que no había dispensa del precontrato, Ana seguía oficialmente comprometida con el hijo del duque de Lorena.


Los embajadores de Cleves no tenían conocimiento de la intención del rey. Ellos lucharon para encontrar los documentos adecuados, pero, el 26 de febrero de 1540, todo lo que podían producir era un informe en sus archivos, que declaraba que las negociaciones con Lorena "no habían tomado su curso natural". 

La última aparición oficial de Ana como consorte real fue durante las celebraciones del primero de Mayo. Ella nunca fue coronada, aunque incluso si el rey hubiera querido, no hubiera podido pagar tal ceremonia. Durante esos meses, la nobleza católica empujó a Cromwell hacía su caída . El ministro luterano era demasiado para el gusto del rey. Asimismo, alentó los católicos alentaban los coqueteos de la joven Catalina Howard, también católica y sobrina del duque de Norfolk. Demasiado joven e ignorante que ser consciente de cómo otros la utilizaban como peón, que felizmente bailaba delante del rey y aceptaba sus regalos. Se le concedió tierras en abril y en el mes siguiente recibió ricos presentes de telas y joyas. 


Catalina Howard, se convertiría en la quinta esposa de Enrique. Ella era prima hermana de Ana Bolena

"La amada hermana del rey"
Hasta donde puede deducirse, la reina Ana no tenía la menor idea del destino que la aguardaba. Ese verano para ella la vida se había vuelto más grata: gradualmente iba aprendiendo inglés y los ingleses empezaban a aceptarla. El embajador francés atestiguo que Ana se había granjeado el amor de la gente, que la "estimaban como una de las reinas más dulces, bondadosas y humanas que habían tenido"; esa visión, aun cuando fuera exagerada, desmiente que Ana de Cleves fuese la torpe e inadecuada yegua flamenca de Enrique VIII. Cuando la reina fue trasladada de la corte al palacio de Richmond, el 24 de junio, con la excusa de la amenaza de peste, ella no tenía motivos para no gozar de la vida en el grato palacio a orillas del río construido por Enrique VII a principios del siglo. Sin embargo, al día siguiente la despertaron bruscamente. La visitó una delegación para informarla de que el rey había descubierto que el matrimonio entre ambos era inválido. 

Según un relato, la reina Ana se desmayó al conocer la noticia. Pero los comisionados contaron otra historia al rey. Ellos le habían informado "por boca de un intérprete —no debían quedar falsas impresiones acerca de ese mensaje—, el cual hizo muy bien su parte". En cuanto a la reina, los escuchó "sin alteración del semblante".Uno se siente inclinado a creer a los comisionados; aunque la compostura de ella pudo deberse más azoramiento que a la indiferencia. 



El 9 de julio de 1540, el Parlamento declaro nulo e invalido el matrimonio de Ana y Enrique. El rey estaba tan contento por la inesperada cooperación de Ana de Cleves en la anulación de su matrimonio, que le concedió importancia sobre todas las mujeres del reino, salvo sus hijas y la reina. 

La ex reina permaneció en Inglaterra y nunca se volvió a casar. Enrique la llamaba "hermana" y la invito con frecuencia a la corte. Ana también recibió un subsidio de £ 4 000 por año, incluyendo el palacio de Richmond y el Castillo de Hever. 


Castillo de Hever, antigua residencia de los Bolena

Con esto, ella se estaba convirtiendo en una de las mujeres más ricas de Inglaterra. Todo esto dependía de su permanencia en Inglaterra. Y Ana estaba dispuesta a esto ¿Por qué habría de regresar a su hogar, dependiente de la generosidad de su hermano, cuando podía quedarse en Inglaterra y vivir una vida cómoda, independiente?
Tres meses después del divorcio, el embajador francés informó que "la señora de Cleves tiene un rostro más alegre que nunca. Lleva una gran variedad de vestidos y pasa todo su tiempo en los deportes y recreaciones"


Ana y el rey eran amigos, y ella se mantuvo cercana a los hijos del monarca. Incluso después de la anulación, Isabel continuo visitando a su ex madrastra en su residencia en Richmond. 
Ella hizo su última aparición pública en la coronación de María Tudor en 1553, montado junto a la princesa Isabel.

La reacción en Cleves
Quedaba el problema de la reacción del duque Guillermo de Cleves. Nadie deseaba empujarlo a los brazos del emperador a causa de su mortificación. La opinión general de los consejeros del rey era que convenía que la "buena hermana" del rey le diera la noticia ella misma. Al principio, incluso la dócil lady Ana puso objeciones: aceptó responder favorablemente a las comunicaciones del hermano pero prefería no ocuparse de la humillante tarea de explicarle las circunstancias que habían conducido a su rechazo. Pero el 13 de julio, el rey instruyó a Suffolk y a otros para que obligaran a lady Ana a escribir la carta. Se le enviaba un borrador de lo que debía decir. Además, tenía que traducir su carta original de sumisión al rey a "su idioma" y firmarla una vez más. De lo contrario, la gente podía sugerir que ella había aceptado "por ignorancia, sin entender lo que había suscrito".

Le escribió nuevamente al rey el 16 de julio, reiterando su promesa de ser "la más humilde hermana y servidora de Vuestra Majestad". Al hermano le escribió humildemente lo que se le había dictado: "Entiendo que Dios estará complacido con lo hecho, y sé que no he sufrido ni mal ni daño". Seguía siendo doncella: "Mi cuerpo preservado en la integridad que traje a este reino". Había excesivos elogios para el rey Enrique. Aunque ella no pudiera "justamente tenerlo como mi marido", no obstante encontraba que era "un muy bondadoso, afectuoso y amistoso padre y hermano, que me trata tan honorablemente y con tanta humanidad y generosidad como vos, yo misma o cualquiera de nuestros parientes o aliados podríamos desearlo". Ana de Cleves también instaba a su hermano a continuar su relación con Inglaterra. Sólo en las palabras finales daba a entender su verdadera posición; "Sólo requiero esto de vos, que os comportéis en este asunto de modo que a mí no me vaya mal; por lo mismo, confió en que lo consideraréis"

Sin embargo, los ingleses sentían cierto temor a la reacción de Cleves, no exento de la irritabilidad propia de quienes se han comportado mal y lo saben. Esto se nota en las instrucciones a los embajadores enviados. Por ejemplo, la duquesa María podía muy bien armar un alboroto, como hacen las madres: si ella no quedaba satisfecha "y cosas por el estilo", los enviados debían dar cortésmente sus excusas y marcharse. En cuanto al duque de Cleves, de ningún modo debía recibir recompensa económica alguna, ya que el rey estaba tratando a su hermana tan generosamente. Fue el caso que el duque Guillermo recibió la noticia, y la carta de lady Ana, "de no muy buen agrado". Pero más tarde esa noche apareció Olisleger sin anunciarse y comió con los ingleses; les aseguró que, a pesar de la preocupación del duque, no habría ninguna ruptura entre los dos países. Era cierto que el duque estaba ansioso por el regreso de su hermana a "su propio país...porque la gente la recibiría de buen grado, y se molestaría por cada minuto que ella se demorara allá", es decir, en Inglaterra. A esas palabras, los enviados respondieron serenamente que lady Ana se quedaba en Inglaterra por su propia voluntad.
Así terminó formalmente el cuarto matrimonio del rey, para asombro de toda Europa. 

Últimos años y muerte

El rey Enrique había muerto, el rey Francisco murió dos meses más tarde, a fines de marzo de 1547. El emperador Carlos V cabalgaba en una Europa que durante más de treinta años había compartido con los otros dos miembros del triunvirato real. Luego, en 1555, también él se retiro —pero voluntariamente— del gran escenario, cuando renunció a su corona en favor de su hijo Felipe; murió como monje, tres años más tarde. El rey Eduardo VI murió también, en julio de 1553, de tuberculosis, tres meses antes de cumplir dieciséis años. María Tudor, la infeliz hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, lo sucedió en el trono: se caso con su primo Felipe de España, once años menor, al año siguiente. 


Eduardo VI de Inglaterra, sucedió en el trono a Enrique VIII

Mientras sucedían estos acontecimientos, una reliquia del pasado seguía viviendo, lady Ana de Cleves. Ella fue testigo de los hechos que derribaron cabezas en Inglaterra durante el reinado de Eduardo, registrados por el propio muchacho lacónicamente y sin emoción en su diario en enero de 1548: "También lord Sudeley, almirante de Inglaterra, fue condenado a muerte y murió en el siguiente mes de marzo". Tres años más tarde el protector cayó victima de una lucha de poder. El 22 de enero de 1552, el rey escribió: "Al duque de Somerset le cortaron la cabeza en la Torre entre las ocho y las nueve de la mañana". Ana de Cleves seguía en Inglaterra cuando el hacha reclamo una nueva víctima, lady Jane Grey, a comienzos del reinado de María. El delito de lady Jane Grey fue permitir que su suegro, John Dudley, duque de Northumberland, reclamara la corona para ella, sobre la base de que el rey Eduardo se la había dejado a ella —la nieta mayor de María, duquesa de Suffolk—, negándosela a sus hermanas en su testamento.

El 30 de septiembre de 1553, Ana de Cleves viajaba en un coche con lady Isabel en la coronación de la triunfante reina María, en la que "sonó la trompeta todo el día". El coche de la nueva reina iba delante, tirado por caballos "enjaezados con terciopelo rojo"; ella vestía de "terciopelo azul con detalles de armiño". Las damas reales la seguían en "un rico carruaje cubierto de tela plateada", con lady Isabel de cara al frente "y en el otro extremo, de espaldas, lady Ana". 
La reacción de lady Ana a la ejecución de Somerset nos da un indicio del modo en que ella consideraba esos altibajos de la fortuna real y cortesana. "¡Sabe Dios qué sucederá luego! —le escribió a su hermano el duque Guillermo—, y todo es tan caro en este país que no tengo idea de cómo manejar el funcionamiento de mi casa". Como muchas viudas —en cierto sentido Ana de Cleves lo era, ya que la muerte de "su hermano" el rey Enrique la había dejado sin protector— se obsesionó por el dinero y los sirvientes. Sus frecuentes cartas al Consejo durante el reinado del rey Eduardo se convirtieron en una lúgubre letanía. 
Una vez que María subió al trono, Ana de Cleves intentó incluso reivindicar su largamente sepultado matrimonio con Enrique VIII para hacerlo declarar "legítimo" y así gozar del trato, en especial en el ámbito económico, de una reina viuda. También podría hacerse pagar "aunque estuviera ausente de Inglaterra". Eso, por supuesto, hubiera invalidado el cuidadoso arreglo de la época de su divorcio en 1540, por el cual su dote estaba condicionada a que no "atravesara el mar". A lady Ana simplemente se le dijo que el Consejo tenía muchos otros asuntos urgentes que atender. Ella siguió haciendo peticiones y preocupándose y escribiendo cartas angustiadas a su país, que aún consideraba su patria. 

 A medida que la nueva reina era una católica estricta, Ana se convirtió al catolicismo romano. Unos meses más tarde, escribió a María I para felicitarla por su matrimonio con Felipe de España . Sin embargo, Ana rara vez visitó la Corte durante el reinado de María.
María Tudor y Felipe de España

Cuando la salud de Ana comenzó a fallar, María I le permitió vivir en Chelsea Old Manor, donde la última esposa de Enrique, Catalina Parr , había vivido después de su segundo matrimonio. Aquí, a mediados de julio de 1557, Ana dictó su última voluntad. En él, ella menciona a su hermano, su hermana y su cuñada, así como la futura reina Isabel , la duquesa de Norfolk y la condesa de Arundel. Dejó algo de dinero a sus sirvientes y pidió a María e Isabel que los empleasen en sus casas.


Tumba de Ana de Cleves en la abadía de Westminster


Ana murió en Chelsea Old Manor el 16 Julio 1557. La causa de su muerte fue más probable que haya sido el cáncer. Posteriormente se dispuso una bella tumba de mármol negro y blanco para Ana de Cleves en la abadía de Westminster, de estilo griego, "ejecutada con maestría". Un nativo de Cleves, Theodore Haevens, ministro en Caius College, Cambridge, pudo haber sido el autor. Dos hileras de paneles decoraban los lados de la tumba. La hilera superior contenía medallones con las iniciales A.C. rematadas por una corona ducal (por Cleves). La hilera inferior revelaba una serie de calaveras, con huesos cruzados, sobre un fondo negro. De esa manera adecuadamente sombría fue conmemorada la cuarta esposa y la última consorte superviviente de Enrique VIII. 



Bibliografia 
Starkey, David: Six Wives, Harper, New York, 2004. 


Fraser, Antonia: Las Seis Esposas de Enrique VIII, Ediciones B, Barcelona, 2007.



http://www.tudorplace.com.ar/
http://www.kateemersonhistoricals.com/
http://englishhistory.net/

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