domingo, 30 de agosto de 2015

Los viajes en la Edad Media


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En los últimos siglos de la Edad Media, los desplazamientos se hacían a caballo, en burro o a pie. También se usaron carros tirados por bueyes, mulas o caballos, que transportaban mercancías o viajeros como los ancianos o las mujeres que no querían o no podían montar a caballo. La carroza iba a tardar, pues apareció en la segunda mitad del siglo XVI. El medio de viaje más común era el caballo que, a su vez, era el más prestigioso y caro. Los caminos seguían los trazados de las antiguas vías romanas, aunque muchas de ellas habían perdido el empedrado y que no se empezaron rehabilitar hasta el siglo XII. Era corriente que las lluvias primaverales y otoñales borraran el recorrido de las carreteras por lo que había que orientarse por los campanarios de las iglesias de los pueblos. Durante el invierno, la nieve de muchos lugares impedía los desplazamientos y en el verano era el calor el que podía aplazar el viaje para mejor época. 

A través de las representaciones podemos deducir como cabalgaban las mujeres: sentadas con las dos piernas a un lado o al modo masculino. Cuando aparece la Virgen María en la huída a Egipto, la vemos sentada en un burro de la primera postura; sin embargo observamos a las emperatrices con una pierna a cada lado del caballo, vistiendo faldas amplías.


Los ríos servían para el transporte de mercancías y maderas. También estas vías eran utilizadas para el traslado de pasajeros, pero las tasas que se debían pagar a los señores de las villas por donde discurrían hacían de este medio de transporte uno de los más costosos. La navegación por mar alcanzó un gran desarrollo en la “Era de los Descubrimientos” y sabemos que algunas mujeres se embarcaron para dirigirse a las nuevas tierras. Para los recorridos largos entre ciudades costeras se prefería la vía marítima a la terrestre por ser más rápida y cómoda (por ejemplo entre Barcelona y Génova). Se solía navegar sobre todo en verano (preferentemente en junio y julio) cuando el mar está más calmado. En la Baja Edad Media se difundieron entre los navegantes europeos diversos avances científicos que facilitaron la navegación de altura y con pocas escalas. La mayoría de ellos fueron introducidos por los marineros islámicos: la vela triangular latina (siglo XII), la brújula (hacia 1200), el timón de popa (siglo XIII) y las primeras cartas marítimas (siglo XIII). El astrolabio y el cuadrante no se difundieron hasta el siglo XV. Los mercaderes genoveses y venecianos comerciaban con el lejano Oriente, pero no lo hacían directamente, sino a través de los intermediarios de Asia Menor que hacían de puente entre los barcos y las caravanas de la Ruta de la Seda.

Existían posadas para los viajeros. En los caminos más importantes había hospitales (es decir hostales, normalmente vinculados a la Iglesia, que acogían pobres y peregrinos por un tiempo limitado). La hospitalidad en las casas de campo era una práctica frecuente que, en algunos países, era obligatoria. Carlomagno instó a los obispos a fundar hospederías diferenciadas para pobres y ricos, adelantándose así a la categorización actual de los hoteles por estrellas. En los viajes marítimos era mejor dormir en el puente que bajo cubierta, donde el calor y el mal olor eran insoportables. Los pasajeros no llevaban ropa de recambio, quedaban infestados de piojos y en las letrinas entraban las olas.

Eran justamente los mercaderes los que más viajes realizaban para acudir a las ferias a vender o comprar mercancías. A veces iban acompañados por sus hijos, pero en ningún caso se nombra a las hijas. De hecho muchos de los testimonios y requerimientos acopiados por los escribanos ponen de manifiesto que las mujeres de la casa permanecían en ella mientras el padre o el marido se desplazaba por motivos laborales, comerciales, políticos o militares. Era frecuente viajar en grupo y con mucha carga: mercancías, comida, pienso, armas, herramientas, tiendas, ropa, dinero, documentos, etc. Los peregrinos viajaban más ligeros de equipaje. El vino era la bebida más recomendable para viajar, mientras que el agua era insalubre, especialmente en las ciudades. 

Los trayectos duraban desde la salida del sol hasta la puesta, incluso cuando era necesario ir y volver en el mismo día. A caballo, el trayecto diario podía rondar entre los 60 y los 100 kilómetros. Eso significa que atravesar la actual Francia podía conllevar entre 12 y 20 días (con buen tiempo y sin la aparición de dificultades).

Viajar en la Edad Media implicaba muchos peligros. Los viajeros podían sufrir asaltos, cansancio de los caballos, guerras, pestes, nevadas y accidentes. El calzado de la época aguantaba poco las largas caminatas, por lo que muchos viajaban descalzos. La larga duración y la dureza de los grandes viajes como las peregrinaciones implicaba que un elevado número de viajeros perdieran la vida en los trayectos. En el mar los peligros más graves eran la piratería y los naufragios. 


  • http://www.juntadeandalucia.es/averroes/convivenciaeigualdad/rr_iii/pdf/2010_01_07.pdf
  • http://www.rutasramonllull.com/es/marsella-0




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